Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

viernes, 13 de septiembre de 2013

Gran Maestre

Podría decir que soy el mejor en lo que hago, pero como esa frase de seguro tiene copyright, terminaría pagando una fortuna que no tengo a alguien que nunca podrá gastarla en el tiempo que nos queda.
Si diré, en cambio, que me gusta lo que hago, que comencé como un aficionado más, y me desarrollé de tal forma (tan rápido, con tantas habilidades) que hoy soy el único gran maestre en mi arte. También el último, es cierto, pero a veces es más sabio no proyectarse tanto hacia adelante, hacia el futuro, cuando ignoramos cómo será el mismo.
Aún así, tengo la leve esperanza de demostrarle al mundo que la disciplina en la que me desempeño realmente es un arte, y que mis habilidades son únicas e irrepetibles en el mundo. Aun aquellos que no lo consideran de tal modo sé que, cuando me vean, entenderán esa grandeza y dejarán de lado las críticas infundadas.
Amo el surf, creo que desde el día mismo en que nací, en un parte en casa, en una pileta preparada para tal milagro vivo, rodeado de gente que conocía muy bien su papel en el mundo.
Puedo, incluso, ir un poco más atrás y contar la anécdota que me contra mi padre y que puede resumirse en la breve frase de que me concibieron durante una noche de tormenta en la playa, luego de una larga y extenuante tarde de surf y diversión al mejor estilo de la anteúltima generación.
Mi madre, por su parte, nunca dijo nada. Ella hablaba muy poco, sólo un par de palabras al año; las suficientes para dar a entender cuanto necesitábamos saber. Y eso estaba bien para ella; supongo que mucha gente actuaría del mismo modo en esa época.
Persisten poco cultores del surf, no porque seamos una comunidad cerrada y endogámica, como muchos creen; sino que, habiendo tantos problemas en el mundo, la gente casi que no tiene tiempo para pensar en otra cosa.
Claro que, el mayor problema es, precisamente, definir el término problema. Porque de seguro, nos libraríamos de muchos malos entendidos a parte de algo tan simple.
Hablar del fin del mundo, no sólo de la civilización islámica occidental que nos gobierna desde mediados del siglo XXI, sino de la naturaleza misma, del planeta poniéndose en nuestra contra, hace tiempo que dejó de ser un tópico de la ciencia ficción. Claro que, esto ustedes ya lo saben, por lo que no perderé el tiempo explicando los cómo ni los por qué. A mí, lo único que me importa es una tormenta.
No, miento, una tormenta no, La Tormenta, así, con mayúsculas, porque quizá sea la más grande que haya contemplado el hombre, y será, obligadamente, también, la última.
Nadie puede asegurar cuándo tendrá lugar la formación climatológica tan perfecta que creara las olas más espectaculares que un maestre surfer pueda soñar con montar. Dicen que se acerca el momento con pasos agigantados luego de que los oasis del amazonas de desecaran y que el archipiélago de Groenlandia desapareciera luego de esa explosión volcánica.
Esas cosas me tiene sin cuidado, yo sólo quiera que la tormenta llegue mientras aún conserve mi tabla y mi cuerpo en perfectas condiciones; la civilización carece de interés, al igual que el resto de la gente, yo sólo quiero surfear y surfear.
Y lo haré hasta el fin del mundo si las olas me llevan hasta allí.

2 comentarios:

José A. García dijo...

Algunos esperarían algo diferente, pero, como dicen, hay gente para todo...

Saludos

J.

Lucas Fulgi dijo...

Muy bueno, José. Me deja pensando en la postura de esa gente que pone su actividad por encima del resto de la humanidad.