Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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domingo, 31 de marzo de 2013

Efemérides


Era fría la noche en que saquearon el hospital.
No eran unos improvisados, como cabría esperarse. Al contrario, eligieron muy bien el día, más bien la noche, así como la hora, y el clima para hacerlo. Minimizaron las posibles complicaciones al tiempo que maximizaban sus posibilidades de éxito.
Los hospitales públicos son apenas lugares de paso; terribles sitios en los que el miedo y el desasosiego reinan como únicos señores. El desasosiego inunda los días, de sol o nublados; el miedo repta en las noches, ocupando cada rincón, penetrando cada poro de los cuerpos yacentes; los llantos son tan continuos que llegan a confundirse con las sirenas de las ambulancias.
Ningún ser racional quiere permanecer en un hospital luego de que el sol huye de la persecución de las estrellas. Pero siempre hay parias del sistema que, como las polillas atraídas por las luces que las incineran, se refugian en esos portales del frío y la lluvia.
Eligieron muy bien el día, o la noche, para el saqueo. Nadie los vio llegar. El personal de seguridad, que a esas horas duerme su siesta sagrada, nada pudo hacer.
No llegaron en silencio, tomaron las escalinatas y sacaron cuanto material genético encontraron. Muertos, vivos, enfermos terminales, cirujas, personas en situación de calle, perros y ratas. Vaciaron los tachos de basura, limpiaron las telas de araña y la mierda de las cucarachas. Mientras que unos limpiaban otros pintaban las paredes; con grandes voces y estruendos que, por supuesto, no despertaron a ningún habitante de aquel barrio de gente bien.
Todo debía estar perfecto para el siguiente día, por orden del gobierno democráticamente elegido por un 5% del total de la población habilitada para votar. Todo debía lucir perfecto, sin importar los costos.
No se escatimarían gastos, en lo absoluto, así estaba dispuesto.

6 comentarios:

José A. García dijo...

Situaciones habituales en ésta argentina potencia que olvidó muchas cosas pero no cómo ser cada día peor...

Saludos

J.

peregrinopurpura dijo...

Lo que se dice, una salud pública...

Saludos!

Humberto Dib dijo...

Hace un día lo comentaba en otro blog, como extranjero se me hace muy difícil comentar sobre Argentina (porque algo me dice que allí está ubicado el relato), sin embargo es tan obvia la cruel realidad que nos rodea que sería muy raro que alguien la negara... pero que la niegan, la niegan.
Y no des ideas, que después te las van a plagiar.
Un abrazo.
HD

Anónimo dijo...

Implacable.

Esilleviana dijo...

Describes lo que están haciendo en mi país... como ves, no solo se trata de Argentina, sino también de cualquier país europeo.

Muy buena metáfora, tristemente.

un abrazo

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Que pinten las paredes demuestra que es una historia de ficción.