Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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martes, 26 de febrero de 2013

Mentiras catódicas


Cambió de canal buscando algo interesante para ver. Pero sólo encontraba una sucesión de estereotipadas novelas (mexicanas, colombianas, venezolanas, argentinas, lo mismo da, son todas iguales, con el mismo guión, los mismos diálogos), y una serie sobre un grupo de amigos que intentan hacer chistes todo el tiempo, cada uno con menos gracia que el anterior.
   Evitó los canales de noticias, la sangre que mostraban en primer plano le impedía dormir, aún la falsa que utilizaban para inventar las noticias que transmitían las 24 horas. Los canales de cocina le arruinan el apetito desde aquella vez que viera como decapitaban a un pobre y simpático conejo.
   Quedaban pocas opciones, casi ninguna, cuando lo encontró. Escondido en una de las últimas señales. Esos que nadie revisa porque están muy lejos (¿de quién?, ¿de qué?). Una figura, una persona, encorvada hasta casi doblarse sobre sí misma, que miraba la cámara de costado.
  —Yo nunca quise estar en televisión —dijo la figura—, ni tan siquiera nacer. Claro que no. Si me encontraba muy a gusto en el útero. Tenía calor, comida y comodidad.
   Ante semejante presentación, se quedó mirando un poco más.
  —Pero ellos me obligaron, a todo. A nacer violando el útero que era mi santuario. Me dieron de comer mejunjes fríos y sin sabor. Me hicieron chupar de un pezón infecto y maloliente hasta que crecí lo suficiente como para comenzar a prostituirme por unas pocas monedas.
   Su tenue capacidad de atención se encontraba captada en toda su amplitud, el control remoto resbalaba de sus dedos, la tensión del absurdo, las palabras y esos ojos que parecían mirarle directamente, lo hechizaban.
  —Desde bien pequeño apareciendo en publicidades sin sentido. Demostrando mis escasas habilidades actorales. Pero a nadie le importaba. Decían que la cámara me amaba. Y me obligaban a más. Lo gocé, si, un poco, al principio, pero luego llegó el dolor. Años de sufrimientos hasta que conocí al señor…
   No escuchó el resto de la frase. Debería de haberse dado cuenta antes que era uno de los canales evangelistas.
   Apagó la televisión y se alejó de la habitación.

3 comentarios:

José A. García dijo...

Pensé en titularlo "mentiras canónicas", pero después me di cuenta que tal vez no se entendería el chiste...

Saludos

J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Y eso que no vio los personajes de concursos telefonicos, donde una conductora, que suele ser una modelo, invita a resolver un anagrama o algo por el estilo. Y se queda hablando sola por media hora, sin que haya un llamado.

Thor_Maltes dijo...

Y así se hacen los programas sensacionalistas sin importar su credo, tendencia política o editorial del canal.