Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
...
Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

miércoles, 20 de febrero de 2013

Vientre perfecto

Mi trabajo es arduo, muy duro y no tiene un final a la vista. ¿Por qué? Porque soy el encargado de revisar que en los estómagos de las mujeres no haya ninguna cicatriz.
    Si, es cierto, yo tampoco entiendo mucho esta situación, solo la acepto (y disfruto), no discuto. Porque sé que toda discusión acaba en pelea, y estoy cansado de recibir siempre los peores golpes.
   Por eso me inventé un uniforme. Mi abuelo, el primer Inspector de la familia, no tenía que utilizarlo; y heredé, además de sus deudas, la insignia que creara mi padre especialmente para éste trabajo. Una chapita verde de Shiny doblada para un costado, lo que hace que se parezca un poco al símbolo imperial. Entonces nadie discute.
   Imbuido en mi cargo hereditario, con mis ropas especiales y mis herramientas, recorro el territorio de extremo en extremo, para catalogar los vientres femeninos. He caminado en los últimos años tres veces el país, y sé que, antes de morir, he de hacerlo varias veces más. Pero no me importa, me sostiene el orgullo de una labor bien realizada.
   No es cosa fácil distinguir entre una cicatriz de apendicitis, una de peritonitis, una cesárea mal cerrada, o el rectángulo de una dentadura torcida. Pero, con la práctica, se aprende, es cuestión de ojos. Y evitar, salvo que la persona en cuestión lo deje bien en claro, utilizar las manos.
   Porque si no se corre el riesgo de ser acusados de violadores, bufarrones o ladrones de gallinas.
   Y si hay algo que no me gusta en ésta vida, son las gallinas.
   Con lo que descubro en los vientres, voy construyendo el Catálogo de Ombligos y Vientres de la Nación, que una vez cada cinco o seis años he de enviar al gobierno central. En teoría ellos lo publican como material de estudio en las Facultad d Medicina y Veterinaria, pero nunca tuve la posibilidad de ver uno de esos, así que no estoy seguro de ello.
   Ante la duda, yo continúo con mi trabajo.
   En cierto que se me adeudan los últimos 16 años de sueldos, aguinaldos, vacaciones y premios, así como también espero que se pague el retroactivo de los últimos 12 años de trabajo de mi padre (y que de acreditarse todo junto sería una pequeña fortuna con la que podría retirarme para siempre de los mugrosos caminos del imperio), pero como honesto funcionario de mi nación, no he abandonado mi puesto aún. Sigo firme en él, esperando a que se corrija dicha omisión.
   Sé que seguiré aquí por lo menos hasta que encuentre a la mujer del vientre perfecto. Si, nace una sola mujer con esas características en cada generación. Mi abuelo conoció a su esposa, mi abuela, con éste trabajo. Lo mismo hizo mi padre con mi madre, claro, no con mi abuela, se entiende. Y yo sé que haré lo mismo, que mi camino llegará a su final cuando le encuentre.
   La búsqueda, por ahora, continúa sin el menor resultado.

Y éste es mi libro de cabecera...

5 comentarios:

José A. García dijo...

Aclaración: Mafalda es creación de Quino, no mía.

El libro tampoco es mío (pero lo estoy buscando...)

Saludos

J.

Malena dijo...

Yo soy una estudiosa de la curva del cuello de los hombres. Todavía no sé si hacer el tema de mi tesis será la nuez de Adán o el nacimiento del pelo a la altura de la nuca.

Con respecto a tu búsqueda, poco puedo aportar. Lo siento.

Manco Cretino dijo...

Pobre muchacho... nunca lo encontrará, pues yo le gané de mano hace años. Y por medio de un sistema combinado de embarazos y poca actividad física, lo ocultamos a la vista del mundo entero!!!! Jue Jue Jue! Jamás lo encontrarán!!!

Esilleviana dijo...

No conocía este libro. Buscaré en la red sobre él.
"El filólogo y antropólogo Gutierre Tibón, en su libro El ombligo como centro erótico, explica la importancia que en Japón se le da al ombligo, clasificando noventa y seis tipos de ombligos distintos. Tal vez esto explique una de las operaciones estéticas que desde hace unos años está de moda entre las japonesas es el Hesodashi, que consiste en operarse el ombligo para tenerlo rasgado. El motivo es que las japonesitas irónicamente tienen el ombligo redondo, mientras que las occidentales a las que quieren imitar lo tienen rasgado".

curioso :)

Martha Barnes dijo...

¡Qué argumento loco!!JAJA!!!Pero original!Un beso Martha