Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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lunes, 7 de enero de 2013

Quiromancia


Entré a su tienda de supercherías y santos de utilería, con más miedo que otra cosa. Sin saber bien qué esperar de todo aquello. Si es que debía esperar algo, claro.
   Me recibió con una amplia sonrisa que supuse maliciosa.
   Señalando una silla vacía mientras tomaba una baraja de cartas y acomodaba un trozo de pañolenci azul sobre la mesa de madera vieja, deslustrada y manchada.
  —Sólo vine a hablar por teléfono —dije para romper el silencio.
  —¿Cómo? —preguntó bizqueando con uno de sus ojos.
  —Que sólo quiero hacer una pregunta, nada más.
   Me obligó a cortar la baraja en tres partes, elegir una de ellas, barajarla con mis propias manos, cortar una vez más y colocar la primera carta debajo de la pila. Sólo entonces volvió a tomarlas ella.
  —Haz la pregunta mientras doy vuelta las primeras seis cartas cargadas con tú energía —dijo.
  —¿Hay vida después de la muerte? —pregunté.
   La tercera carta quedó en el aire. No flotaba, ella la sostenía y me miraba sin saber si debía reír o no, si ya iba en serio o sólo quería molestarla.
  —Es en serio —dije—. ¿Hay vida después de la muerte?
   Comenzó a juntar las cartas y a guardar los caracoles que dejara a un lado de la mesa antes de sentarse.
  —¿Qué hace? —pregunté mirándola.
  —No necesito nada de esto para responderte —dijo poniéndose de pie para guardar las cartas en una caja de madera sobre una repisa, junto a una gema gris y una vela de colores apagada.
  —¿Entonces? —hablé una vez más—. Hay vi…?
  —¡SI! —exclamó levantando una mano para hacerme callar—. Hay vida después de la muerte —dijo—. ¡No jodamos con ese tema! Hay mucha vida después de la muerte.
  —¿De verdad? —pregunté sintiéndome otra vez un nene de ocho años descubriendo alguna cosa maravillosa.
  —Si, porque quien perece es el individuo —dijo la bruja—, no la vida. Todo fluye, todo continúa —dijo en tono burlón antes de esfumarse detrás de un cortinado que no había visto antes.
   Me quedé sentado en el mismo sitio sin moverme, porque no era eso lo que le preguntara. Sino lo que ella quiso responder.
   A las pocas horas, el anochecer oscureció el salón. No sabía dónde podía estar la llave de las luces, por lo que debí de moverme en la oscuridad. Ayudándome con las manos, como un torpe ciego, logré salir de la santería cargando junto con las mismas dudas de siempre, la caja de madera de las cartas de la maldita bruja.

7 comentarios:

Haiku dijo...

A veces no se pueden tener certezas.

Felipe Mejia Medina dijo...

Uno con esto de la vida después de la muerte podría siempre cuestionarse si en principio son las preguntas ya mal formuladas. Establecer una distinción de tal tipo no es tarea fácil.

¡Un abrazo!

F:
http://mistavilteka.blogspot.com

La abuela frescotona dijo...

pienso que en definitiva tu pregunta amerita todas las respuestas, pues nadie sabe sobre el tema mas de lo que su miedo o esperanza le permita imaginar...
abrazo

Esilleviana dijo...

Debo añadir que estas navidades he visitado a un quiromasajista por el tema de mi rodilla... los casi 40 no perdonan y te confieso que me ha sorprendido o convencido su labia, elocuencia y desparpajo y su poder curativo, como decía él. ¿solo somos algo físico, fugaz y perecedero? nada más? jaja es difícil acostumbrarse a esa idea.

un abrazo
ps: no encuentro el libro, te aseguro que he buscado en dos librerías.

Anónimo dijo...

Es que para preguntarles a las brujas siempre hay que ser demasiado específico... Y me parece bárbaro que se haya robado las cartas. Hizo justicia.

Alástor dijo...

El conocimiento es dolor. Quizás mejor así.

Gracias por el comentario, espero verte de nuevo... Un saludo.

José A. García dijo...

Gracias gente por sus comentarios e interpretaciones.

Seguimos leyéndonos.

Saludos

J.