Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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viernes, 9 de noviembre de 2012

El asedio


Noches y días sin final llevamos rodeando la fortaleza, cortando sus vías de escape, vigilando constantemente hasta el más mínimo indicio que pudiera llegarnos desde su interior. Nadie debía salir.
   Porque dentro estaban ellos, los perjuros, los mentirosos, los irracionales, los iconoclastas, los perfectos, los que no eran como nosotros. Y nuestra misión era mantenerlos allí dentro, presos del hambre y la sed. Aún sabiendo que cultivaban su propia comida, y que en las catacumbas de la fortaleza corrían ríos subterráneos del agua más clara. Y nosotros, mirándolo desde afuera, apenas nos alimentábamos con las raciones de la guerra; sacrificando nuestras monturas, nuestros sabuesos y a nuestros compañeros más débiles o heridos.
   Ellos disfrutan nuestros pesares, porque suelen aparecer sobre el muro y nos saludan desde lo alto. A veces nos arrojan comida, animales muertos o vivos, y los frutos de sus cosechas. Pero nos está prohibido siquiera tocar lo que nos arrojan. Una flecha, y las llamas, son su destino.
   Ninguna cosa proveniente de allí dentro es admisible para nosotros. Aún cuando las raciones estén a punto de agotarse y las noticias de la Metrópoli ya ni siquiera nos llegan. Pero no importa. Tenemos una misión; rodear esa fortaleza cuyo muro prácticamente ilimitado parece combarse poco a poco cuando miramos hacia el horizonte. Nadie saldrá por las puertas que hemos tapiado, nuestra vigilancia será eterna, generación tras generación, si es necesario.
   Haremos oídos sordos a las huecas palabras que nos gritan desde los muros cuando dicen que no son ellos los encerrados sino, al contrario, nosotros, los que no podemos entrar. Es mentira. Ellos no pueden engañarnos.
   Porque, de ser así, ellos no podrían saberlo.
   Pero, nosotros, tampoco…

6 comentarios:

José A. García dijo...

¿Para qué debatir si podemos hacer oídos sordos?
¿Para qué dialogar si podemos imponer nuestra visión del mundo?
¿Para qué escuchar si no nos vamos a entender? Y ni siquiera nos preocupamos en hacerlo...

J.

Adrianófanes dijo...

Este texto está muy a tono con lo que escribí hoy. Habla del mundo posmoderno, ni más ni menos. Cómo ha cambiado todo en relación a otras épocas...

Joe dijo...

No encuentro el blog de Antonietta...


jlg

La abuela frescotona dijo...

el asedio tiene dos elementos, el que asedia y el asediado y los dos son esclavos uno del otro, se consumen en la espera...
saludos querido amigo

Alejo Z. dijo...

La caverna José, la eterna caverna.
Un abrazo.

censurasigloXXI dijo...

Como buen español, creo que me quedaré haciendo gordo el culo en el sofá y poniendo cara de lela delante del televisor, idiotizada delante de la carta de ajuste si la hubiera...

Nosotros no les escuchamos porque sólo dicen mentiras y sandeces, y ellos no nos escuchan porque siempre estamos pidiendo que nos devuelvan lo robado....

Bueno, te dejo un carajillo de ron, amigo, a ver si nos calma el ánimo porque a la hora de reivindicar estamos más solos que la una menos cinco.

Beso.