Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
...

viernes, 30 de noviembre de 2012

Amnesia, tal vez


Aseguraba no recordar nuestros nombres. Era por lo años que pasara en prisión, explicaba sin mucha confianza en sus propias palabras. Un sinfín de muros grises, impersonales, sin más detalles que alguna mancha más o menos húmeda según el clima, era cuanto decía haber conocido en esos años.
Nosotros, en cambio, sí que la recordábamos. Le debíamos la mayoría de nuestras primeras experiencias con, prácticamente, todo lo que suele llamarse vida. Por eso nos entristeció verla partir al exilio, tanto como nos desagradó verla regresar. Porque ya no era la misma.
Y no sólo porque su memoria fuera ahora como un paño blanco, sin mácula ni manchas nuestras; sino porque ya no era ella.
Nos dimos cuenta al instante, cuando descendió los pocos escalones del andén y nos miró sin reconocernos, sin saber quiénes éramos. Algunos aprovecharon ese momento para dar media vuelta y alejarse. Su rostro demacrado, su cuerpo avejentado, podían más que los mejores recuerdos de la adolescencia.
Quizá fuimos los más valientes los que nos quedamos, o los más tontos, no lo sé. Aún no puedo saberlo. Su sonrisa, de dientes desparejos y manchados por el café, era casi lo único que conservaba de antaño.
Me quedé. Porque aunque ella no supiera quién era, yo sí la recordaba. A ella, a su cuerpo, su calor, su piel, su sabor. Quizás algo de eso aún perdure, pensé.
Descubrimos que, en parte, nos mentía, porque en cada encuentro nos llamaba por nuestros nombres, uno por uno, frente a frente, en su cama junto a su cuerpo derrotado y su tibieza cada vez más cercana al frío que a otra cosa. Nuestros nombres eran, en sus labios, susurros de viejas melodías que nos cantaban lo que había sido.
Supe no se debía a otra cosa más que a su intención de morir entre nosotros, los únicos que la recordábamos. Y por haber sido capaces de no preguntarle ni cuestionarle nada, no dejó el mejor regalo que podía hacernos al devolvernos nuestro pasado.

1 comentario:

Julieta en jumper dijo...

Qué difícil... me gustó mucho!