Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

jueves, 12 de julio de 2012

Literato

Con los últimos vestigios de tinta colocó los puntos que faltaban sobre las íes y se acomodó en su asiento. Por fin tenía el manuscrito terminado. Ochocientas páginas escritas con la caligrafía más prolija que era posible lograr con sus reumáticas manos.
   No se trataba de sus memorias, si apenas recordaba su nombre luego de tan exhaustivo ejercicio de escritura. Tampoco era su autobiografía. En la cual sería incapaz de atenerse a los hechos reales. Nada de eso. Aquel esfuerzo, un monumento tan extenso como Los Hermanos Karamázov, Moby Dick, la Torá y tantos otros libros de ficción, sería lo que coronaría su gloria.
   Por algo llevaba invertido en él los últimos doce años de su vida, con lecturas parciales, correcciones, reescritura, correcciones, ampliaciones, correcciones de las ampliaciones, supresión de personajes, correcciones, un catálogo de naves completamente nuevo, y más correcciones.
   Ahora estaba cansado, necesitaba no simplemente descansar, sino volver a nacer, renacer de algo diferente a las pútridas excoriaciones de su piel que poco se parecían a las cenizas de un fénix cualquiera. El vaso, la botella, la nevera, la alacena, todo vacío, su estómago rumiando hambre, y la imposibilidad de saber si, detrás de la grasa acumulada sobre el cristal de la única ventana, era de noche o de día.
   Aunque tampoco importaba.
   O eso creía.
   Sintió sus articulaciones crujir cuando se levantó y caminó hacia la chimenea en la que un pobre rescoldo luchaba por existir. Con el atizador removió las brasas casi apagadas hasta que el fuego revivió y las llamas crecieron una vez más.
   El nuevo calor se sentía agradable, placentero, como si fuera lo único necesario para vivir. Lo único importante. Lo único.
   Se estiró hacia la mesa donde dormía el manuscrito y lanzó, con decisión pero sin esfuerzo, la pirámide de hojas al fuego.
   Acercó una silla, su única silla, a la chimenea, y se sentó a contemplar las hojas volviéndose pavesas rojizas y morir en cenizas eternas, deleitándose con el descubrimiento de que algunas historias fueron hechas para no ser contadas jamás.
   Se relajó y, poco a poco, se dejó llevar por ese calor tan reconfortante y familiar mientras comenzaba a dormirse…

10 comentarios:

Sole dijo...

Eso hasta que vino la ex mujer, ex amante, amigo, hijo y/o hija y dijeron: "Mirá lo que encontré medio chamuscado por acá, ahora que se murió lo podemos sacar como obra inédita".

Pazchi dijo...

A veces siento ese mismo impulso. Que el fuego lo consuma todo.

Saludos =)

censurasigloXXI dijo...

Pues 800 páginas poniendo puntos de íes significa mucho esmero. Una obra redonda al fuego. Una vez hice eso con un paisaje de sanguina que me costó de hacer un montón... me gustaba el dibujo pero no lo triste que había puesto en él.

Un abrazo y cafelito para hoy!

Gloria dijo...

Quizás su obra maestra no fue escribirla sino quemarla,
Saludos desde Tenerife y dejo enlace de mi blog por si quieres conocelo, creo que tardaré en quemarlo.
http://gofioconmiel.blogspot.com.es/

Esilleviana dijo...

Siempre haces pensar con tus relatos e/y historias. Quien tiene el coraje, dedicación y constancia de escribir un libro, novela o historia, sea buena o no, me resulta digna de admiración. Ahora bien, ser tan crítico con uno mismo, tiene sus ventajas? nunca consigues hacer algo que esté a la altura de sus deseos... no sé, explícame otra definición a por qué acabar con un trabajo tan arduo y complejo como es crear y levantar una historia. Hoy no compartí del todo tus reflexiones jajaja.

un abrazo amigo :))

La abuela frescotona dijo...

no fueron tantas hojas, pero tambien he tirado al fuego varias "obras", suele pasar que la gloria fue escribirlas y el gozo destruirlas, saludos

menteinvisible dijo...

tambien lo podia haber hecho alreves.
el manuscrito,sobre la silla...

Malena dijo...

La eterna pregunta: ¿escribimos para nosotros o para el lector? ¿La escritura en sí es el motor o la lectura que otros le den a esas letras?

Nunca me lo podré responder.

Cielo dijo...

Qué cabrón el tío, nos dejó con las ganas de leer tan perfecta obra.

Bueno, no puedo quejar mucho que yo una vez quemé muchos de mis poemas, pero los motivos no los recuerdo.


Un placer siempre José
una lectura inquietante.


Enhorabuena!

efa dijo...

al fin se liberó.
Me dejó una muy buena sensación de lector.
Salud