Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
...
Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

viernes, 6 de julio de 2012

Bajo la playa, los adoquines

Caminaba sobre arena infinita, hacia adelante, hacia atrás, dentro un falso desierto que se contradecía con apenas mover la cabeza hacia uno de los lados. Hacia el mar.
   Pero nada de bello había en una escena que podía pasar por idílica en el pasado, por un solitario caminante concentrado en sus pensamientos recorriendo la playa. No, nada de eso. Nunca más.
   Le era imposible despegar los ojos del suelo, para disfrutar del oleaje y la espuma, de las gaviotas y su lucha contra el viento. No podía hacer nada más que atender al lugar exacto en el cual acabaría apoyándose su pie con el siguiente paso. Y esto requería de toda su atención.
   La playa estaba tan sucia que las jeringas manchadas de sangre con las puntas apenas disimuladas en la arena, eran la menor de sus preocupaciones; la mierda de perro y las botellas de vidrio rotas tampoco tenían sentido a pesar de que avanzaba descalzo. Había cosas peores.
   Cosas que sus propios ojos eran incapaces de describir o aceptar como reales. ¿Qué era eso, por ejemplo, que acababa de dejar atrás? Eso con forma de triángulo, seis ojos y tan verde que casi podía confundirse con el marrón. ¿Y lo de más allá? Parecía un trozo de disco de vinilo viejo y rayado, pero se movía como el tentáculo perdido de alguna criatura exótica.
   La ausencia de sonido era la peor parte.
   Las gaviotas graznaban y no las oía.
   El mar rompía las rocas, golpeaba la arena y la cacheteaba los cuerpos de los animales muertos que se amontonaban en la línea de la costa, y él no lo sentía.
   Sus pies se hundían en la frágil arena, pero apenas lo notaba.
   Una sombra gigantesca ocultó el sol durante un segundo eterno. Levantó los ojos y no vio nada.
   Se llevó las manos a los oídos, y cuando las retiró las encontró cubiertas de sangre.
   El mar seguía golpeando sobre la arena, en silencio.
   En silencio.

6 comentarios:

Esilleviana dijo...

Morir no debe ser nada apacible, hermoso y agradable, por tanto, las siguientes 24 propuestas que faltan no la superaran.

Me gustó esta historia y lo peor es que puede llegar a cumplirse... hoy tengo un día desesperanzador.

un abrazo :)

serafin p g dijo...

este relato me dejo pensando, cuando otro muere, uno sabe que el mundo sigue, pero ¿qué pasará cuando uno muera? el mundo seguirá?

se viene la fin del mundo se viene!!

excelente texto José.

salut

Adrianófanes dijo...

La imagen del mar siempre resulta poética. Que haya debajo de él adoquines, resulta un hallazgo. Un digno final para un mundo que a cada instante da señales de que alguna vez se acabará...

Rayuela dijo...

el fin.

abrazo*

María Eugenia Alcatena dijo...

Qué buena esta serie de 25 finales... Espero los que faltan (¿y después? ¿el final?).
Otro saludo,
Eugenia

José A. García dijo...

Esilleviana: Creo que, más bien, ya está cumpliéndose...

Serafín: El mundo siempre se está acabando, pero algunos finales son más definitivos que otros, dicen.

Adrianófanes: Pronto, según los hombres de fé que visten de blanco y se denominan a sí mismos científicos.

Rayuela: Y punto.

María Eugenia Alcatena: Después ya no habrá nada. Aunque como la nada es algo...

Gracias a tod@s por sus comentarios.

Saludos

J.