Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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sábado, 21 de abril de 2012

La novela frustrada

Un intento por escribir otra novela que quedó en eso, en intento, y del medio centenar de páginas, sólo sobrevivió éste fragmento, no sé por qué lo elegí, o si vale la pena mostrarlo. Pero bien puede servir para demostrar lo difícil que es llenar un espacio en blanco.

Capítulo 1 (extracto)

Era la segunda vez que los dos entraban al bar de la vieja espina, una de esas cuevas en las que el humo del cigarrillo era más espeso que la niebla matinal del aeropuerto, con poca iluminación y la música lo suficientemente alta para tapar las conversaciones de las mesas vecinas. Refugio ideal para artistas de segunda, esos que arañaron la fama para caer como piedras a los mismos lugares de antaño. Las paredes oscuras y manchadas por la humedad ayudaban a crear la ilusión de que la tierra se abría para mostrarse a unos pocos y selectos pobres seres allí reunidos.
Era temprano en la noche cuando llegaron, las mesas del centro estaban vacías. Ocultos en los rincones, los que preferían el anonimato disfrutaban de la música o del tabaco, obligatorio para los clientes.
—No hay nadie —dijo el más bajo.
—Es temprano, no te preocupes, van a venir todos —lo confortó el otro—. Sentémonos.
En una mesa olvidada, contra una de las paredes sin ventanas, se dejaron caer. La luz de una bombilla de 25 wats iluminaba desde el techo.
—Esto es así Guille —dijo el segundo—, yo te presento y me voy, no quiero tener nada que ver, todavía no sé como me dejé convencer para traerte.
—Tengo ese toque, qué puedo decir.
—¿Pedimos algo?
—No quiero tomar nada hasta que no lleguen los demás.
—Hace un poco de frío, voy a buscarme un brandy o algo parecido.
Aprovechando el quedarse sólo, Guillermo miró sin mucho disimulo al resto de la fauna que comenzaba a reunirse. Las demás personas, sentadas convenientemente en las sombras, no eran más que eso, trozos de oscuridad que cobraban vida por momentos delatados por las brazas de los puros. Esperar encontrar algo conocido en aquel lugar era, como poco, imposible. Por suerte su compañero regresó de la barra.
—Si esto no me saca el frío es que ya estoy muerto. ¿Seguro que no queres nada?
—Sentáte y dejá de hablar, Fabián.
—Pero, qué mala onda.
—No me gusta esperar mucho en estos lugares, y no veo a nadie conocido.
—Porque no conocés a nadie de acá, calmate, relajate, tomate algo.
—No quiero tomar, además por qué no me dieron un cigarro en la entrada.
—Es para los hombres.
—¿Y yo qué soy?
—No fumas.
—Pero es un requisito para entrar.
—Estás conmigo, qué más querés.
—Irme rápido, eso quiero.
—Si vas a estar así toda la noche mejor nos vamos, no vaya a ser cosa que se enojen conmigo por tu culpa.
—Soy impaciente. ¿Qué querés que haga?
—Tomate algo.
—No tomo, ya lo sabés, no tomo desde la noche del accidente....
—Si, si, ya lo sé, no me lo repitas.
La música continuaba sonando en el ambiente cada vez más cargado de humo y gente, las pocas mesas iban llenándose de figuras imposibles de reconocer. La oscuridad y el humo se fundían en uno en aquel lugar.
—¿Sabés lo que vas a decirles? —preguntó Fabián tomando de su trago.
—No.
—Pensá en algo rápido porque ya llegó uno.
Por entre las sillas, desperdigadas alrededor de las mesas, se acercaba un hombre, de aspecto desgarbado con su ropa sucia, el pelo largo y despeinado, caminando con ademanes y movimientos bruscos. Se acercó hasta la mesa reconociendo a Fabián y se sentó con ellos.
—Hola —dijo.
—Guille, Calvo; Calvo, Guille —presentó Fabián.
—Hola —dijo Guillermo por decir algo.
Calvo no respondió.
—¿Por qué te dicen calvo? —preguntó después.
El nombrado miró a los ocupantes de la mesa, y dirigiéndose a Fabián preguntó.
—¿Quién es? —señalando a Guillermo.
—Es de quien te hablé, Guillermo; según él mismo le pasan cosas extrañas. No sé si del tipo que te interesan pero, por las dudas, lo traje hasta acá.
Una camarera se acercó al grupo, dejando sobre el lado izquierdo de Calvo una botella de agua, un vaso y el cigarro reglamentario. La mujer se fue, Calvo sacó del bolsillo de pantalón un blister, sirvió un poco de agua y con el primer sorbo tomó dos pastillas.
—¿Para qué son? —preguntó Guillermo.
—Shhhhhhh —exclamó Fabián.
—¡Otra vez! —exclamó Calvo—. Otra vez me trajiste una neófita.
—Un neófito —corrigió Guillermo.
Todos se miraron entre sí.
—Disculpame Calvo, no le dije todo —explicó Fabián—, pensé que lo harías si te parecía bien después que te contara lo que le pasa.
—Siempre la misma excusa.
Calvo encendió, con varios fósforos juntos, el cigarro, Fabián lo secundó con otro que sacó del interior de la campera colgada en el respaldo de su silla. Aspiraron profundamente varias veces, exhalaron el acre humo que se sumó al ya reinante dentro del salón.
En silencio dejaron pasar varios minutos, mientras Guillermo se impacientaba más y más, tamborileando en la mesa con la yema de los dedos de uñas mancilladas por filosos dientes.
La música era superada por el murmullo de las conversaciones en aumento, la luz parecía más escasa.
—¿Podemos empezar? —preguntó Guillermo.
—Impaciente el vago —comentó Calvo.
—Siempre, tanto que por momentos es imposible de tratar —dijo Fabián.
—A quién habrás salido.
—¿Podemos empezar? —repitió Guillermo.
—¿Qué querés? —preguntó Calvo escupiendo las palabras.
—Según Fabián usted puede ayudarme.
—No, no puedo —ante el desanimo de Guillermo, Calvo agregó—, sino me decís primero qué pasa.
—¿Prefiere la versión corta o la larga?
—¿Salvador? —preguntó Calvo a Fabián.
—Hoy viene más tarde.
—Entonces primero la larga, y después, si hay tiempo, la otra.

10 comentarios:

José A. García dijo...

Un poco largo, lo sé, pero creo que puede valer la pena.

O no.

Ustedes deciden.

Saludos

J.

Esilleviana dijo...

Es un buen inicio para una novela: un neófito recien convertido a una religión, cual? la ctaólica? la budista? o ahherido recientemente a una nueva colectividad es un buen comienzo para una gran aventura.

Un abrazo José A.

:)R

Mery Malaya dijo...

deja el sabor exacto para alimentar las ganas de seguir descubriendo...

un saludo ;)
Mery

Martha Barnes dijo...

Algunas veces el papel blanco nos desespera,porque por más que lo miremos y lo miremos ,sigue blanco,blanco...Pero en este caso tu relato me interesó, porque tiene suspenso...Me gustaría saber como sigue.Martha

mili dijo...

Me encantó, me quedé con ganas de seguir leyendo.
Espero la sigas

abrazote

Sole dijo...

A ver... sí, está bueno. Hay algunas cositas que no me terminan de copar, pero considero que no tengo autoridad moral. Ahora,quiero leer el resto.

efa dijo...

Siempre vale la pena. Aunque más no sea para despuntar el vicio...
Engancha Sr, engancha, cuál será la versión larga.
Salud

Pazchi dijo...

Más. Queremos más. Nos dejás pispear un poquito aunque sea?

=)

Vradi dijo...

Dicen que que una novela tiene que tener al menos 300 páginas para decirse novela, otras tiene apenas unas 270 y pico. Yo estoy a favor de aquellas que se desenlazan a las cuatro páginas, qué finales!!

José A. García dijo...

Gracias por sus comentarios, pero la novela quedó en estas solas dos páginas, el resto ser perdió en la mediocridad.

Tampoco sé por qué sobrevivió este fragmento, pero bueno, no todo tiene explicación.

Saludos

J.