Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

jueves, 12 de abril de 2012

El hombre de hojalata moderno

Gran parte de sus años jóvenes los pasó sintiendo el frío agarrotándole los pies. Como pequeños látigos que golpeaban sin lastimar la carne, pero que dolían con igual intensidad, las uñas del frío se hundían en sus falanges.
Buscó ayuda médica por supuesto, durante años, recorriendo tantos consultorios, clínicas y hospitales como sesiones de tarotistas, sin la menor mejoría para su desesperante predicamento. Las puertas se cerraban ante su insistencia, pues el rumor de su caso lo precedía de galeno en galeno.
Sufría un mal que sólo él sentía, al que estaba destinado a encontrarle una única cura posible; dándole vueltas y más vueltas al asunto comprendió lo que debía hacer. Algo que le resultaba desagradable y doloroso, si. Pero mucho menos que el sentir esa molestia 168 horas por semana.
La solución, claro ésta, era amputarse ambos pies, completos, a la altura del tobillo. Y luego reemplazarlos por réplicas de metal y cerámica. Pies eternos, sin problemas de circulación, frío ni cansancio crónico.
Todo fue perfecto, por un corto lapso de soles.
Falló en su intento, y el frío se desplazó hacia sus piernas, un poco apenas por debajo de sus rodillas, como si reptara por su cuerpo.
No esperó demasiado para tomar la decisión.
El tajo siguiente lo trazo a la altura de las rodillas. Reemplazando sus fémures con acero y titanio reforzado, para caminar hacia la eternidad.
Sonrió largamente los días que siguieron a la operación y que mediaban con la nueva aparición del maldito y falaz frío. Debajo de su ingle ésta vez, palpitando como un doble corazón duro y carente de emoción.
Que no menguaba, sino que parecía aumentar.
Reemplazó cuanto se encuentra por debajo de la cadera, órganos, carnes y huesos, por plástico y aleación de acero al tungsteno, para no sufrir en su vejez problema de cadera.
Solo que el frío, ese gran simulador del que nadie ha escrito una canción, reapareció en su cuerpo para ocupar ese espacio entre el antebrazo y el codo que le dificultaba cualquier movimiento, endureciendo los cartílagos, destrozando los músculos.
Primero uno, luego el otro, reemplazó, en un plazo de dos semanas, ambos brazos. Desechando el frío de su cuerpo y todo lo demás, por inservible y superfluo.
Los nuevos brazos podían levantar quince mil kilogramos sin esfuerzo, pero eran incapaces de abrazar a una persona sin triturarle la columna vertebral.
Creerán que allí se detuvo el problema del frío pertinaz y persistente. Pero no es así.
Continuó avanzando; por lo que, a los pocos meses, debió reemplazar su sistema digestivo, o lo que quedaba de él, sus órganos oculares y olfativos, el maxilar superior, y luego el inferior, antes de reemplazar su cabeza completa, las costillas y la caja toráxica.
Todo lo reemplazó por partes mecánicas, de mejor factura que la humana natural, más duradera y confiable. Incluso su cerebro lo reemplazó por el nuevo modelo de inteligencia artificial, con personalidad aplicada basada en los positrones del modelo Asimov XV. Era un 1.000% más efectivo que cuando era humano; 1.500% más inteligente; no hablaba estupideces; no contaba anécdotas repetidas ni comentaba sobre el clima o los noticieros. Nada de eso. La eficacia era su lema.
Sólo una cosa continuaba molestándole. El constante retumbar del último resabio de su humanidad, el ruido rítmico y pausado que se sentía en el interior de su armadura vacía. Ese corazón que se negaba a dejar de latir y marcaba, en cambio, su irreemplazable presencia.

4 comentarios:

José A. García dijo...

Más extenso de lo normal, pero no podía cortar la historia.

Espero les guste a tod@s!

Saludos

J.

md dijo...

Pues sí, me ha gustado y sorprendido. Últimamente noto que se me agarrotan un par de dedos del pie derecho. ¿Debo preocuparme? ¿Tendré que lacerar?

Saludos, buen día.

Rayuela dijo...

me recordaste a la última novela de j. winterson, "planeta azul", pero a la inversa. en esa novela, una de los protagonistas, una robot, va arrancándose de a poco cada una de las partes de su cuerpo sentada en la nieve,para así poder morir de amor.

me gustó muchísimo tu historia, muchísimo!

abrazos*

La sonrisa de Hiperión dijo...

De nuevo por tu casa, disfrutando de las cosillas que nos dejas. Siempre un placer.

Saludos y un abrazo.