Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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sábado, 10 de marzo de 2012

Leviatán


Se mantuvo erguido cuanto se lo permitieron sus piernas quebradas, su espalda lacerada y el cuello tan lleno de cortes y heridas que sorprendía que aún pudiera sostener tan altiva cabeza. Con una mirada tan contestataria como en los peores momentos de la lucha. Antes de la derrota, la caída y el fracaso que nunca doblegó sus fuerzas.
De pié, frente al verdugo que afilaba la gran hoja de su hacha de guerra ritual, especial para los traidores a la patria. Sin embargo, y a pesar de que por lo bajo reconocía que simpatizaba con sus ideas, lo único que podía hacer era intentar que el corte fuera limpio y preciso para que no sintiera más dolor. Ambos estaban tan cansados del mundo y sus dirigentes que al menos así uno de los dos ya no sufriría.
Pero ni siquiera eso importaba ya. Los poderosos se regodeaban en la sangre de la victoria sin imaginar que la venganza suele tomar formas sumamente extrañas, que nunca es como se la espera. No imaginarían nunca que la venganza de un vencido puede ser mucho peor que la de un tendero a quien le han robado sus recetas jamás escritas.
El verdugo subió el hacha varias veces buscando el punto en el que cortar sin que hueso alguno se interpusiera en su camino.
Vanagloriándose del momento, el General que aplastó con sus tropas bien pertrechadas, mejor alimentas, armadas hasta los dientes y cebadas por la idea del botín, a una pequeña turba de harapientos desheredados, se adelantó un paso y le permitió decir unas últimas palabras al futuro muerto.
—Moriré hoy —dicen, los que dicen allí haber estado, que dijo—, pero mi grito creará los ecos más bellos que sus pobres oídos puedan reconocer.
Le tomó un segundo al hacha cercenar su vida. Le tomó poco menos de una semana, a la ciudad, arder hasta sus cimientos más profundos encastrados en la pobre tierra.
Y en el Valle del Eco, la historia continúa repitiéndose a sí misma, sin ciudad, sin hombres poderosos ni pobres, sin recuerdos, dolores ni pesares. Nada más que esta historia.

2 comentarios:

José A. García dijo...

Otra vez, la falta de tiempo y mis múltiples personalidades, no e permiten mantenerme al día con los blogs de mis lectores.

Prometo hacer lo posible durante el fin de semana para remediar esta situación.

Gracias y saludos a tod@s

J.

alear dijo...

wow, que fuerte...
me quedo con la frase de la venganza, porque asi es, el destino o como le digan toma formas de actuar muy extrañas...


tenia mucho sin pasar por aca, lo siento, prometo pasar mas seguido :)
besos!!!!