Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

domingo, 18 de diciembre de 2011

William Wilson soy yo

Días atrás fui testigo de una revelación, una epifanía que abrió mis ojos por primera vez en mi larga y aburrida vida. Si ahora me dedico a dejarlo por escrito es porque, en la medida en que me sea posible, intentaré explicar las impresiones que sentí cuando aquello sucedió.
   Tan raro e incomprensible resulta que me dificulta incluso hilar palabras, o pensar como siempre he sabido hacer. Confunden mis recuerdos las horas vividas a posteriori pero creo que podré hacerlo. Eso, al menos, espero.
   Caminaba por la calle de los Cedros, la que se encuentra dos calles después de la Avenida Hacha, la del boulevard, a la tarde de un martes, o un sábado, no me acuerdo. No creo que importe tampoco. Cargando mi portafolio lleno de documentos importantes, papeles inservibles y cartones de lotería desechados; con rumbo a la exposición de cuadros figurativos de artistas no figurativos que imitaban al futurismo recreado por lo surrealistas. Es decir, no sabía qué podría llegar a encontrar allí. Y, como de arte sé la nada misma, tampoco me importaba.
   Serían manchas de colores, rostros deformados, miembros desgarrados y prominentes y ese tipo de cosas. Pero no llegué a la muestra, ya que a pocos pasos de la entrada me encontraba cuando sucedió.
Una persona salió de la galería de arte, llevaba un traje similar al mío, pero le quedaba mejor que a mí, un portafolios marrón y abultado como el que quería comprarme para reemplazar el viejo y ajado azul que cargaba en ese momento, y un gran reloj a cuerda de los que ya no se fabrican, como el que tenía el abuelo y que después de su muerto mis primos hicieron desaparecer.
   Nuestras miradas se cruzaron por una fracción de segundo cuando, en una mirada panorámica desde la puerta, ese hombre miró lo que le rodeaba sin percatarse que, a unos escasos metros, me encontraba yo.
   No me vio, o aparentó no hacerlo. Pero, en cambio, y muy a pesar mío, yo sí lo vi.
   ¡Ese hombre se parece a mí! Pensé al principio, como si viera un reflejo o algo similar. Pero no tenía lugar a dudas. Ese hombre se parecía tanto a mí que supe, un instante después, una mirada más tarde, que él era yo, que yo era él. No existía explicación posible. O no se encontraba al alcance de mi mano.
   Ese hombre no se parecía a mí, ese hombre era yo. Porque yo me parecía a él y no a la inversa como lo pensé en un principio.
   Pero, y la epifanía se presentó en la respuesta a éste último interrogante: ¿Qué era yo entonces? ¿Una sombra? ¿Un recuerdo? ¿Una fantasía? Cuando me percaté de que las cosas que me rodeaban comenzaban, poco a poco, a desdibujarse…

4 comentarios:

Espérame en Siberia dijo...

It happens.

Saludos.

Cita dijo...

Aquí traigo mi aportación de caña.

Nunca sabremos quiénes somos. Creo que aunque hubieras tenido más tiempo para averiguarlo jamás lo hubieras hecho. Sólo piensa que tu "otro yo" tampoco lo sabe. En esta historia no eres tú solo quien sale perdiendo.

Por cierto, he visitado tu otro blog, el de los libros, y he sacado varios títulos que me han resultado interesantes. Es muy enriquecedor ese espacio que has creado, te felicito.
Besos
Cita

klee dijo...

Nos desdibujamos rapidamente,de repente un dia "zas" ya no somos.
La masa de carne, arterias y recuerdos se recompone haciendo una copia deformada de lo que fuimos, este ciclo se repite una u otra vez, hasta que un día la materia cansada de tanto suicidio decide abandonarnos.
un abrazo Jose¡¡

Vradi dijo...

yo hace tiempo que no me cruzo, creo que me hace bien, detestaría encontrarme de vuelta por ahí en alguna realidad alternativa.