Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
...
Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

jueves, 29 de diciembre de 2011

Jinete Dorado (Golden Rider)

Condenado sin sentencia, castigado sin posibilidad de revertir tanto pesar. Si, definitivamente así se sentía. Y todo por un simple y despreciable error que lo colocó en ese lugar tan extremo, tan cerca de lo imposible.
Maldito él si alguna vez escuchó hablar de los Nibelungos fuera del escenario de la ópera. Ahora podía decir a quien se detuviera a escucharlo que eran reales, que existían en las mismas orillas del Rin en las que el muerto de Sigfrido, el héroe de las comarcas del norte, lo escondiera.
Años, o tal vez vidas antes, en una noche de inusual calor veraniego, se acercó a la margen del río que marcaría el fin de su libertad. Se sumergió en sus frías aguas esperando hallar consuelo a su calor. Pero todo cuanto encontró fue el brillo de un objeto dorado escondido en parte en el barro y la mugre del agua.
La curiosidad pudo más y se sumergió en medio de las criaturas del agua con sus manos bien extendidas para sacar del lecho la estatuilla dorada, de oro modelada, perfectamente redondeada y hasta el final de los días encantada.
Era un caballo con su jinete, que no era otro que él mismo con su amado corcel. Sorprendido por encontrarse a sí mismo en una obra de arte desconocida, intentó salir del agua sin atender al rumor que inundaba sus oídos, el viento que le avisaba que si uno sólo de sus pies salía del agua llevando entre sus manos lo que no le pertenecía, se condenaba a cabalgar por todos los caminos abiertos y por abrirse del mundo, de un extremo al otro, del sur al norte, y del este al oeste. Hasta que, algún día, los hubiera recorrido hasta el último de sus pasos.
Años (¿O eran vidas?) después, maldecía a cada hombre que se decidía a trazar un nuevo camino, una senda o un simple sendero para cabras en las montañas más abruptas; porque sabía que mientras existieran hombre curiosos como él mismo, los caminos no se acabarían nunca.

2 comentarios:

Esilleviana dijo...

que no pierdas la curiosidad, la capacidad de inventar, crear e investigar... éste podría ser mi deseo para el nuevo año que está a punto de comenzar.

feliz año 2012

un fuerte abrazo
:)

Antonio dijo...

MIS MEJORES DESEOS PARA TI Y LOS TUYOS EN EL PRÓXIMO AÑO Y EN TODOS LOS VENIDEROS…
UN ABRAZO AFECTUOSO