Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

viernes, 30 de septiembre de 2011

El camino de la Torre

La pobre niña, huérfana de madre, ausente de sentimientos y carente de amor propio, nació enferma. Hay quienes aún cantan que fue ésta enfermedad lo que hizo morir a su madre, que consumió si vida en el esfuerzo inútil de verla nacer. También, hay quienes dicen que su padre la mató al ver el aspecto de la criatura recién nacida.
Nadie está de acuerdo en el destino de la madre, si, en cambio, en el de la niña.
La vanidad del padre, propia de un Caballero de Alta Estirpe, a la que no pertenecía; propia de un Rey de lungo reino, del que carecía; de un Emperador con poder sobre los suyos, con el que soñaba, lo empujó a construir la alta torre en medio de la nada, entre árboles resecos y lechos cochambrosos.
Construyó una habitación en lo alto e hizo quitar las escalas, así como tapiar la única entrada con rocas y mortero, luego de abandonar en las alturas a la niña y sus dos nodrizas con claras indicaciones de no atender a los ruidos ni a los llamados que pudieran llegar desde el exterior.
Los pechos rebosantes de leche de las jóvenes nodrizas alimentaron a la niña un tiempo; unas semanas tal vez, un poco menos quizá. Pronto dejó de oírse su llanto y el grito desesperado de las mujeres desgarradas por el hambre y el deseo.
Pronto ya no llegó sonido alguno desde la solitaria habitación de la torre.
Años de guerras más tarde, cuando otro ejército, de otro rey menor y sin feudo, atacó la torre abandonada creyéndola la atalaya de algún inexpugnable castillo. Sólo encontró allí un cuerpo diminuto y enflaquecido por la muerte, con una larga cabellera dorada que cubría un rostro de dientes afilados, como de animal según el propio rey, del cuerpo de la niña.
Hay quienes dicen que utilizaron aquellos dorados cabellos ajenos al tiempo para reemplazar las cuerdas de sus arcos que, desde entonces, no erraron nunca el tiro. Pero eso, claro está, es otra historia, de otra guerra, de otra derrota de un rey sin descendencia.

7 comentarios:

Malena dijo...

Rapunzel, loba niña.

Esilleviana dijo...

qué cuento tan bonito!
al empezar a leerte he pensado en el suceso de la mujer embarazada que murió abatida a tiros por un perturbado en la iglesia, logrando salvar a la niña que llevaba en su interior.
es como si esa niña hubiera crecido y relatases la biografía de su existencia. La niña frágil creció, abandonó su cuerpo en la habitación de esa torre y se convirtió en una mujer fuerte y segura...

me gustó este cuento.

un abrazo

Martha Barnes dijo...

Las narraciones son muy atractivas. Martha

Caro Pé dijo...

desde entonces no erraron nunca un tiro.
cuánto misterioooooo...
saludos!

Torcuato dijo...

Este micro tiene el sabor de los antiguos cuentos. Me encantaría saber como sigue la historia.
Un abrazo.

José A. García dijo...

Gracias por sus comentarios.

Algunos textos tienen más de una interpretación posible, y las de ustedes siempre hacen que me de cuenta de lo que no estoy viendo.

Saludos a tod@s

J.

Vradi dijo...

Sin dudas mi preferido, así se crían las harpías, salvo que éstas últimas desarrollan alas, tienen la magia del cambio de aspecto, se casan, engendran más harpías, se tornan en viejas brujas, etc.