Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

viernes, 24 de junio de 2011

Llamas

El techo de la casa estaba en llamas. No había otra explicación para el extraño fenómeno. La pintura de las paredes goteaba desde las alturas, cayendo sobre el suelo, manchándolo, quemándolo, arruinándolo.
El revoque fino y el grueso parecían sudar, también. A tanto llegaría el calor sobre la chapa incandescente, que evaporaba el agua seca años antes.
Calor intolerable, asfixiantes, desagradable.
Y aún no era mediodía.
Los ladrillos comenzaron a bailar al verse liberados de su prisión de cemento y arena, amenazando con caer sobre cabezas desprevenidas, sobre automóviles mal estacionados o deudores fiscales.
Veía todo desde su asiento, en donde una nube de humo de incienso le envolvía el cuerpo, como si una capa protectora se tratase. Como si no tuviera nada más que hacer.
Lo extraño era que las chapas, el techo entero, no parecían a punto de desmoronarse, sino que se mantenían estoicas en su sitio. Como un ridículo techo de tacha que, en definitiva, era.
Sentía el lamido de las llamas, las caricias de las chispas y el calor del fuego dorándole la piel sin decidirse a seguir o no. Si quedarse o huir… si hubiera dónde huir.
Mientras el techo se mantenía en su mismo exacto lugar, sin paredes que lo sostuvieran.
Sintió nauseas, la respiración agitada y dolor de cabeza, punzante, sobre la sien. No había nada que hacer, las llamas se volvían un solo ser con su cuerpo, acariciándolo lentamente.
Con la dificultad de que, en toda la habitación, no había ni el más mínimo rastro de fuego.

12 comentarios:

NoeliaA dijo...

Difícil para los bomberos apagar ese incendio.

Saludos

Mixha Zizek dijo...

Me gusta la entrada. El giro del final que lo vas anunciando casi con pequeños datos. Y das la vuelta al texto, todo estaba en su mente de tu personaje, excelente, besos


te pongo en mi blogroll pare seguirte el rastro +bs

klee dijo...

La casa arde sin llamas
el tejado se mantiene sin paredes
y no tenemos donde ir

inquietante relato

un placer leerte

mili dijo...

La vida está en llamas, lo raro es que seguimos erguido intentando no quemarnos.
Me gustó la parte donde el techo se mantiene sin paredes...da la idea que es la fuerza de voluntad lo que sostiene.

Abrazote, J

La sonrisa de Hiperión dijo...

Que poco me gustan las llamas...

Saludos y un abrazo.

Esilleviana dijo...

Ardia por dentro pero no había fuego, ni incendio que le provocara ese calor asfixiante. Hay determinadas circunstancias que nos causan esa sofocante e irrespirable sensación.

está muy bien descrito.

un abrazo

Esilleviana dijo...

Gracias por tu visita y comentario. Siempre es muy agradable leerte.

un abrazo

Espérame en Siberia dijo...

Aaaah, usted siempre tan metafísico, my friend :)


¡Muá!

Caro Pé dijo...

Las llamas nos llaman...
Original relato José.
Saludos

VeroniKa dijo...

el fuego solo para mirarlo.

qué poco me gusta la idea del fuego en la piel.

qué poco me gusta la idea de saber que no hay salida.

besos

José A. García dijo...

Noelia: Muy difícil, cierto.

Mixha Zizek: Todo está en la mente de alguien. Incluso nosotros, ahora mismo.

Klee: La peor parte: Y no hay explicaciones.

Mili: El llano ya estaba en llamas antes de que llegáramos…

La Sonrisa de Hiperión: A mi biblioteca tampoco le gustan las llamas.

Esilleviana: Cuando nada más te hace ‘’arder’’, lo único que te queda es arder vos mismo. Esa es la idea. Y Gracias por a doble visita.

Espérame en Siberia: Es para disimular mi materialismo acérrimo.

Caro Pe: Gracias…

Veronika: Nunca hay salida, o si, la hay. La salida es la misma para todos.

Gracias a tod@s

J.

efa dijo...

Bien por el último giro del relato, lograste llevarme a través de lo que se cuenta.
Salud