Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
...
Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

viernes, 20 de mayo de 2011

La permanencia de la memoria

Sobre una sencilla lápida de roca gris, cubierta de moho y líquenes, se adivinaba una frase escrita a fuerza de cincel. Un epitafio rumiado durante largos años de lecturas y pensamientos nocturnos: Recuérdenme mientras viva, luego sólo querré descansar.
Ni nombre, ni fecha, ni laude, acompañaba la breve inscripción. En ningún archivo podía hallarse referencia alguna a esa lápida, a quien allí se encontraba. Como si el tiempo se hubiera tomado al pie de la letra el deseo explícito en aquellas palabras.
Nadie visitaba esa parcela; si en primavera se encontraban flores sobre ella se trataba de un ramo ocasional, tan abandonado allí como los que se ven en cualquier otra tumba. Eran flores que la misma tierra hacía brotar. Flores pequeñas, suaves, rosadas y sin perfume.
Estoica se mantenía esa roca erguida en medio del césped, a mitad de camino de la colina artificial del centro del cementerio. Digna en su soledad, poderosa en su olvido, como el recuerdo de quien nunca se sabrá cómo fuera su transcurrir en el mundo.
Nunca, porque había preferido el olvido.



También se corre el rumor en la aldea de que aquella lápida, con tan extraña inscripción, no es más que un chiste de un cuidador de antaño del viejo cementerio. Y que en esa tierra nunca yació nadie. Pero en versión, por carecer de poesía, nadie suele creer.

11 comentarios:

OJT dijo...

EN MI LÁPIDA DIRÁ: "NADA MEMORABLE MIENTRAS VIVIÓ, SU FINAL EN CAMBIO, INOLVIDABLE: DESPUÉS DE PONER A SALVO MUCHOS NIÑOS, FALLECIÓ AL INTENTAR DETENER TSUNAMI CON SUS MANOS DESNUDAS"

Malena dijo...

Que en mi lápida diga:

Se acabó.
Yo me quedo acá.
Ustedes sigan.




El cuidador, en el fondo, era un poeta.

Sole dijo...

Yo prefiero no tener lápida, en lo posible, ni siquiera ser enterrada. Pero nomás me conformo con saber que en alguien dejo algo.

Hombre de Neanderthal dijo...

Qué raro que a esa triste roca no la hayan pintarrajeado. Los muchachos las parten para usarlas como proyectiles de sus gomeras o simplemente para saltar sobre ellas. Andan muy aburridos.

Cal Viva dijo...

Y cumplieron con lo que quería la persona que descansa: recordarla mientras estuviera viva, para qué, entonces, regresar a un lugar donde sólo queda nada...
Respecto de la historia del cuidador, mmm, es probable, pero yo prefiero la primera: en vida todo (o lo que más puedas), te moriste? Es la ley de la vida, ni las flores verás.
Me gustó, José, es de estos textos que te dejan pensando.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Mal receta el olvido...

Saludos y un abrazo.

mili dijo...

Yo también quiero que se acuerden ahora de mí, luego la compañía será otra. Y quiero permanecer en el río, el lugar que más me encanta.

Besos

eMiLiA dijo...

Elegir el olvido. Decisión difícil.

Uno se aferra siempre al recuerdo. Depende de la memoria.

No podría soportar el peso de esa lápida.

Abrazo!

Espérame en Siberia dijo...

Eso me recuerda que tengo que ir pensando qué va a decir en mi lápida. Debe ser algo con sentido del humor, sin duda.
¿Has pensado qué dirá en la tuya?


¡Besazo! :D

Luna dijo...

Deberíamos preocuparnos por lo que dejamos en la memoria de otros.


Besos

José A. García dijo...

OJT: Sería un buen final. Habría que ver si alguien lo recuerda después. O si no hacen una mala película de acción…

Malena: Es cierto, pero un poeta tan bueno que nadie lo notaba.

Sole: Yo quiero lo mismo.

Hombre de Neanderthal: Tal vez en el pueblo no quedaran muchachos o, en realidad, ni siquiera el pueblo existiera… Nunca se sabe.

Cal Viva: Gracias por el final de tu comentario, Interpretaciones hay muchas, todas válidas. Yo me quedo con el cuidador.

La Sonrisa de Hiperión: Es difícil lograrlo, si…

Mili: Acordarse de los muertos es fácil, hay que aprender a conocer a los vivos.

Emilia: Podemos recordar todo lo que queramos, pero si nadie nos recuerda a nosotros, todo será en vano.

Espérame en Siberia: ‘’Yo no quiero lápidas’’. Eso dirá.

Luna: Deberíamos, pero es tan corta la vida, y tan larga la despedida…

Gracias a tod@s y Saludos

J.