Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
...
Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

miércoles, 13 de abril de 2011

Le fallaba

Le fallaba la memoria. Lo sabía.
Eso eran las incontables cintas que colgaban de sus dedos, de las muñecas e, incluso, de los codos. Ayuda-memorias. Para recordar algo. Pero, por supuesto, para que un ayuda-memoria sirviera se debía, necesariamente, recordar qué se quería recordar cuando se había colgado esos recuerdos del brazo.
Le fallaba la memoria. Lo sabía.
Por eso algunas de las cintas eran nuevas y relucientes. Estaba claro que las había colgado allí hacía muy poco tiempo. Quizá minutos, tal vez horas. Pero también las había andrajosas, sucias, deshilachadas, que no podía decir si habían cumplido su función o no. No lo recordaba. Le fallaba la memoria. Lo sabía.
Las miles de notas garabateadas con letras apresuradas y pegadas en cualquier parte (sobre la heladera vacía, el microondas en desuso, la estufa rota, la cocina anulada, la puerta trabada), eran la clara señal de ello. No siempre recordaba poner la fecha en todas ellas, no siempre sabía decir cuándo habían sido escritas. Ni por quién. Había recetas y avisos de vencimiento, cartas amenazantes y notas de amor, acumuladas, inútiles, sobre muebles igual de inútiles.
Le fallaba la memoria. Lo sabía.
Alguien le había recomendado bordar su nombre en cada una de sus prendas. Pero no sabía bordar, y no siempre estaba seguro de cómo se llamaba. Por lo que buscó ayuda en la costurera del pueblo. Una mujer mayor, casi ciega y analfabeta que inventaba letras, sílabas y nombres nuevos en cada bordado.
Le fallaba la memoria. Lo sabía.
Por eso no podía decir cuándo fue la última vez que tomara su medicina. Por las dudas, para no olvidarse, se tomó varias pastillas que encontró sobre la mesa (algunas recién caídas del frasco, otras llenas del polvo de varios días), con la seguridad de que, tal vez, alguno de todos esos puntitos de colores le sirviera para algo.
¿Sirviera para qué?
Le fallaba la memoria. Lo sabía.
Lo sabía.
Le fallaba.

11 comentarios:

José A. García dijo...

¿Qué gracia tiene complicar tanto el proceso de publicar un texto en blogger?

¿Qué cada vez menos gente lo use? ¿Que los que sigamos en esta página decidamos pasarnos a wordpress?

¿En serio?

Saludos

J.

Caro Pé dijo...

La fallaba la memoria pero no se olvidaba que le fallaba;)

Buen texto José.

"no siempre recordaba poner la fecha en todas ellas, no siempre sabía decir cuándo habían sido escritas..."
Qué situación!

José A. García dijo...

Es el hermano perdido del personaje de la película Memento, que se olvidaba de todo menos de que se olvidaba la memoria...

Saludos

J.

Cita dijo...

Madre mía, eso es un problema gordo, eh? además debe ser muy angustioso querer recordar cosas y no acordarse de nada.
Es como cuando las personas mayores pierden la memoria, a veces a los demás nos desesperan, y no caémos en la cuenta de lo mal que lo tienen que pasar ellos.
Besos
Cita

Joe dijo...

No entiendo por qué te parece mas complicado, para mi es igual de siempre.

jlg

VeroniKa dijo...

A uno que tiene memoria de pez, estas cosas le alteran un poco.
Algunas veces es un problema, otras...una bendición.


memento...qué buena película.

besos

Malena dijo...

Relataste casi exactamente lo que le pasaba a mi abuela.
Sólo que a ella le fallaba la memoria y, a veces, lo sabía. Otra se encontraba con papelitos que rompía porque no entendía quién los había puesto ahí.
Y así siguió, hasta que ya no supo ni siquiera que su memoria le fallaba.

Caro Pé dijo...

Que gran película Memento!!!

oenlao dijo...

Escribo aqui por que creo que es lo que dice que tengo que hacer una de mis ayuda memoria pero no estoy seguro

Thor_Maltes dijo...

La memoria si no se pone en practica se atrofia y se pierde así como se perdido el respeto, el buen gusto y otras cosas mas

Hatshepsut dijo...

Que buen relato! Me encanto por la simpleza y el dramatismo del que está cargado.

Un abrazo grande!