Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

martes, 5 de abril de 2011

Atajo

Sabía que si continuaba por esa ruta, terminaría por sucederle aquello. Lo sabía, si. Pero la opción, para evitar las aceras rotas y abandonadas de aquel solitario barrio, era dar un rodeo de más de treinta cuadras. Y no tenía tiempo, ni ganas, de arrastrarse con su silla de ruedas, por todo ese camino extra. Sabía que se quedaría atascado en uno de los pozos, con las ruedas atrapadas entre baldosas sueltas, o en el barro de un desagüe roto. Le había sucedido varias veces ya, y sus quejas frente al municipio habían recibido respuestas nulas. Ser el único inválido en un pueblo de atletas tiene sus contras. Como el quedarse atascado, durante días, esperando la milagrosa ayuda de alguien que se dignara a pasar, de casualidad quizá, por esas calles alejadas de los salones de entrenamiento. Perdía, de ese modo, el tiempo que pretendiera ahorrarse al cortar camino por ese falso atajo. Y ahora, con dos de las cuatro ruedas de la silla empantanadas, no le quedaba más que esperar por la ayuda providencial. Bajó la cabeza hasta pegar la barbilla contra el pecho; habría llorado, pero sabía que era inútil, porque las lágrimas no sirven para atraer gente. Por lo menos ésta vez, se dijo, no llueve.

8 comentarios:

Hatshepsut dijo...

Me encanta su sensibilidad social. Es tan lamentable como real su ficción. La única forma de cambiar cosas, es la acción.

Otra vez, pase y comente, que milagro!

Cariños.

Sole dijo...

A veces es así ¿no?, digo, que uno se siente un inválido en medio de atletas. Y sí, es cierto, hoy hubo mucho sol.

Geraldine, dijo...

no vivirá en capital federal...seguro Macri le haría una senda, como las bicisendas...que cruel puede ser el mundo y la indiferencia de los supuestos "bonitos y perfectos".

Malena dijo...

¡Qué tristeza!
Es tan real que duele.

veroniKa dijo...

pero despues de llorar, todo se transforma en valor.Y fuerza.

movilizador.

besos

José A. García dijo...

Hatshepsut: Es cierto, hay que salir a romper cabezas y cambiar el sistema. ¿Qué haces este fin de semana?

Sole: La sociedad nos impulsa a querer sobresalir y ser los mejores en todo, incluso en proezas que sabemos resultan imposibles para nuestros cuerpos.

Geraldine: Le habría mandado una grúa para ayudarlo, una ambulancia para compensarlo y a un funcionario de su administración para la foto. Seguro.

Malena: Esa es la peor parte, que es real.

Veronika: Gracias. Espero que así fuera.

Saludos y gracias a tod@s.

J.

Daniel Sánchez Sánchez dijo...

Por lo menos esta vez no llueve...
Ya nos deja ver la evolución, acabará atravesando el atajo sin dificultades.
Muy bueno, Saludos.

thorofasgard dijo...

Los atajos ¿que se puede decir de ellos? Un camino corto que resulta peor que el camino largo.