Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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martes, 16 de noviembre de 2010

No hubo testigos...

Una situación ideal, idílica diríamos. Y no seguiremos llenándola de sinónimos. Era una situación diferente a las demás. Y eso ya es decir suficiente. Porque no siempre sucedía. No siempre. No.
Las murallas del ego y la esquizofrenia se confundieron con el vacío; en aquel instante todo podía suceder. O no suceder en lo absoluto.
Pero acabaría sucediendo. Si. Porque aún la voluntad más férrea necesita un descanso. Y el momento era el perfecto.
No había nadie en los alrededores. Las ventanas del cielo y los pisos superiores estaban oscuras, nubladas, cerradas o tapiadas. Como si nada tuviera importancia.
Sin testigos que pudieran elevar su voz, gritando, señalando diferencias.
Podía hacerlo, llevar el momento hasta el final y darle un sentido más o menos extravagante, más o menos bueno. Podía. ¿Lo haría?
Ni siquiera miraría con mis propias pupilas delatoras. El movimiento mecánico y conocido hacia la perfección se ejecutará por sí sólo. O, de otro modo, no lo sería.
Cerró, pues, los ojos y dejó hacer, intentando no percatarse de nada.
Intentándolo con fuerzas, porque la astucia era mucha aunque las ideas escasearan.
Y luego de que todo se detuviera, contempló los garabatos de letras escritas con apuro y poca tinta. Reconoció los párrafos de un cuento, el único escrito aquel año.
Por lo menos el único que recordara. Pero ya la educada mano buscaba el encendedor en uno de los bolsillos del pantalón.
Meses de autocontrol había sufrido para evitarlo. Pero la naturaleza no puede negarse. Y la más mínima flama es suficiente para que el papel que nadie más había visto, ardiera por y para siempre.

7 comentarios:

Geraldine, dijo...

muy perfeccionista o muy obsesivo...sin rastros de lo escrito de lo dicho o lo hecho...no hay arrepentimiento ni pruebas ni explicaciones.

NoeliaA dijo...

Borges alguna vez dijo que a un escritor se lo conoce más por lo que desecha que por lo que publica. Tu cuento me hizo acordar eso, y a la vez añadió una nota de duda. ¿No estará ese cuentero quemando un relato único y genial?

Torcuato dijo...

Cuanto protocolo el de este escritor.
Destruir el único cuento escrito en un año debe ser tremendo, a mi me duele romper hasta el más miserable de mis escritos.
Un saludo.

Joe dijo...

Seguro que era el nobel de literatura, y lo perdió, a veces pienso que en un informe policial pueda estar el cuanto mejor narrado de la historia también.

Ah, por lo que me pediste ayer, done.

jlg

Luna dijo...

Dicen que sin testigos no hay delito. Yo diría que el peor testigo es la conciencia.


Besos

José A. García dijo...

Geraldine: Miedoso más que nada.

NoeliaA: Lo que fuera que haya escrito, se lo quedó la Nada, y de la Nada, nunca nada regresa.

Torcuato: Ultimamente estoy tirando mucho de lo que escribo porque siento que no sirve, pero también, sufro, es como un desgarramiento del alma.

Joe: En los lugares mán inesperado podemos encontrar las mejores cosas. Acordate de Inana...

Luna: Tal vez, por eso mismo. hizo lo que hizo.

Saludos a tod@s.

J.

Raymunde dijo...

Estoy leyendo un libro que le podría gustar a tu protagonista: "Bartleby y compañía, de Enrique Villa-Matas - una historia de la literatura no escrita, de la negación de la escritura.