Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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miércoles, 9 de junio de 2010

¡Buen samaritano y un cuerno!


Maldigo a quien haya inventando la fábula del buen samaritano, casi tanto como a quien machaconamente me la leyera de niño. ¿Por qué? Me ven aquí como si recién llegara al mundo, ¿y me pregunta por qué? Por ayudar a una pobre alma es que terminé así.
No se rían, y déjenme que les cuente.
Caminaba por el monte hacia el pueblo, siguiendo el camino real, con mi ropa de domingo, para no tener problemas con los chacareros de la zona que me confundieran con algunos de los muchos cuatreros que siempre se escabullen entre la oscuridad de la noche. A unos pocos pasos del cruce del camino con las viejas vías abandonadas del ferrocarril, escuché un murmullo, como un siseo y algunas palabras entrecortadas que no sé qué cosas dirían.
Me paré en seco y miré a todas partes queriendo descubrir qué era aquello.
Un gemido y unas ramas moviéndose por lo bajo me guiaron hasta un hombre, caído en medio del matorral; la sangre cubría su rostro que, al parecer, estaba lastimado o herido en algún indefinido lugar
—¿Qué le ha pasado, amigo? —pregunté.
—¿No ve que me han golpeado? Me han robado, me han golpeado y me han dejado aquí para que me muriera.
—¿Está herido? —pregunté una vez más.
—Magullado tal vez, pero me dejaron por muerto. Debo haberme desmayado mientras me golpeaban.
—¿Y qué hacía por aquí?
—Iba a la casa del brujo Torres. ¿Lo conoce?
¡Cómo no lo voy a conocer si a ese tipo lo conoce todo el mundo! Desde el Intendente hasta el más pobretón deudor del almacén dicen que tiene poderes mágicos y que puede hacer embrujos, emplastos, brebajes y otras medicinas. Por mi parte, lo que es yo mismo, nunca creí.
—Lo conozco —dije—, es por aquí no más. Venga que lo ayudo —dije después pensando en que estaría realizando mi buena acción del día, de la semana o del mes, ¿quién sabe?
Le ayudé a levantarse, dejando que se apoyara sobre mí para caminar. Y tengo que decirle que no era para nada liviano por más que se lo veía bastante flacucho.
Aun así, y arrastrándolo la mayor parte del camino, lo llevé hasta el rancho del brujo. Que nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja, seguramente calculaba cuánto dinero podría quitarnos con algunos truquitos de feria.
Cuando reconoció al golpeado su expresión se ensombreció, desapareció la sonrisa y con un rápido movimiento me dijo que lo entrara en la casa.
Dejamos al hombre en una silla y el brujo comenzó a bailotear por toda la habitación, cantando cosas sin sentido y tirando polvos de colores al aire mientras hacía sonar una matraca de carnaval.
—Éste hombre está poseído por el dolor —dijo con voz ronca y los ojos entornados.
—Claro que sí —respondí—, si lo han golpeado hasta casi matarlo.
—Es más que eso, es más, mucho más —respondió el brujo.
Sin dejar de saltar y canturrear por la habitación encendió varios inciensos y llenándolo todo con humo de colores. Mientras esto hacía el brujo el otro hombre, el golpeado, seguía más muerto que vivo en la silla. Apenas respiraba y gemía cuando el brujo se le acercaba saltando y, no lo dudo, pisándole los pies para que reaccionara.
Cuando el aire se volvió irrespirable allí dentro, me di media vuelta para alejarme de allí, al menos para salir al patio, porque nunca me había gustado esa casa, pero no quería irme sin saber si aquel pobre hombre golpeado y contuso se encontraba bien.
Ese fue mi error, darles la espalda.
Lo siguiente que recuerdo es un golpazo en la cabeza que me dejó tieso y luego desperté así, sin mis ropas de domingo, pues me veo más desnudo que Adam y apestando a alcohol de pésima calidad, aquí mismo, en medio de la plaza del pueblo.
Usted me meterá en el calabozo, Oficial. Pero puedo asegurarle que nunca más en la perra vida me detengo a ayudar a otra persona.

13 comentarios:

Joe dijo...

Es la fábula argentina mas moderna que escuche, no confíes!

Igual no hago caso, dar es dar, digo yo que dice Paez, ya sabes como soy.

Abrazo!

jlg

Joe dijo...

Bueno si, me refería a eso, Nietzche creía en el martillo, yo en el hacha.

jlg

Luna dijo...

La extrema bondad trae consecuencias.

Besos

oenlao dijo...

Alcanzaba con llevarlo a un lugar civilizado!

serafin p g dijo...

es posible que el ahora poseído por el dolor ahora seas tu (refiriéndome al narrador de la historia)

saludos master!

NoeliaA dijo...

jajaja Viste, esas cosas pasan. ¡La gente se pregunta por qué ya no queda gente solícita y voluntariosa!

Raymunde dijo...

Quizás el error nu fue ayudar, sino confiar en un brujo...

mikkonoss dijo...

Una llamada al 911 y listo. Algunas ventajas tiene la tecnología

Manco Cretino dijo...

AAAhhh... "El viejo truco del lesionado para atrapar incautos"... ó, "El viejo truco del borracho cuentero".
Aunque... lo más probable es que sea "El viejo truco del cuentero posiblemente lesionado por el alcohol"! ¡Ja!
Punto y aparte.
Pasé por el otro hoyo. Revoqué y pinté algo.
http://revistadeacaydealla.blogspot.com/

Manchado con pintura barata... Manco Cretino

Anónimo dijo...

Joe: La confianza siempre puede terminal mal, me lo enseñaron en el colegio…

Luna: Para todos los desprevenidos.

Oenlao: Pero para eso habría que definir civilización, lugar y llevar… Entre otras cosas.

Serafín: Gracias por el aporte Serafín, es un buen remate.

Noelia: Los habrán asaltado a todos, seguro.

Raymunde: Gracias por la visita, pero no puedo ingresar a tú perfil para devolverla.

Mikkonoss: ¿En medio del campo?

Manco Cretino: ¡Claro! El viejo truco de hacerse el tonto cuando nos descubren en falta. Lo de la revista me parece interesante. Habrá que lograr que regrese Titán…

Saludos a tod@s

Raymunde dijo...

Problema resuelto con el perfil :P.
Gracias por avisar.

mikkonoss dijo...

¿no tenía un globalstar? ¡eso le pasa por no tenerlo! jaJAja...

Anónimo dijo...

Raymunde: Ahora ya puedo visitarte.

Mikkonoss: No llegan hasta esos parajes. Ese es el problema.

Saludos

J.