Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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sábado, 1 de mayo de 2010

Paso sobre paso


Si. Te seguía.
Más o menos desde que nos cruzamos en el tren. Pero, para que te tranquilices, no era algo que tenía planeado al detalle. Fue, más bien, el azar.
Él quiso que bajáramos en la misma estación, por la misma puerta, muy juntos, casi rozándonos. Tan cerca que podía distinguir la música que sonaba en tus audífonos.
Creo que, en ese momento, todavía no lo habías notado.
Después caminamos varias calles siguiéndonos, a veces tú aceleramos el paso, a veces lo hacía yo para no perderte entre la gente.
Me mantenía siempre detrás, mirando por sobre tu hombro, como la sombra que, definitivamente, no era.
Supongo que en alguno de los semáforos te percataste de mí. Por lo menos me miraste a los ojos.
Luego retomamos el juego sin reglas, del que nadie saldría ganador ni nadie perdería. Un juego que era pura diversión.
A las pocas calles comenzaste a dudar de mis intenciones, lo noté en tus movimientos vacilantes, en tu constante mirar hacia atrás, hacia mi, hacia mi sonrisa entre dientes y en el que intentarás cambiar la dirección de tus pasos varias veces. Sé que mi aspecto no se prestaba a buenas interpretaciones, pero toda persona no es más que una cebolla, con una capa de intenciones sobre otra bien diferente, aunque similar.
Apretaste la cartera y aceleraste, más aún, el paso al bajar por la escalera mecánica del subterráneo que apareció en una esquina.
Entre la boletería y los molinetes noté tu miedo y mi adrenalina se disparó. El tiempo comenzó a fluir más despacio.
Otra vez casi pegados bajamos al andén para continuar el viaje. Me alejé unos pasos y, cuando el tren llegó, subí distraídamente por la puerta más cercana. Me volví buscándote cuando me percaté de que no estabas frente a mí y que las puertas se cerraban automáticamente
Saludabas desde el andén con una media sonrisa. Levanté la mano y señalé el reloj pulsera. ¿Mañana a la misma hora? Te preguntaron mis ojos.
Asentiste con un leve gesto que acentuó tu sonrisa.

10 comentarios:

jota pe dijo...

-- Jojojojo! Muy bueno maestro, y vivieron felices en Nuncamas!

Druida de noche dijo...

jaja, muy bueno, citas inesperadas en lugares inesperados...

abrazo
druida

Clara y Pepe (los Chuquis) dijo...

¡Uhhhh, qué emoción... mañana a la misma hora! Suena a promesa.
Son lindos estos encuentros, ¿no?
Saludos, dulce amigo... dulce, por lo de "Azúcar".


Muchas Gracias Total

Joe dijo...

Pasa lo de siempre, lo urgente le quita tiempo a lo importante, pero acabose de acabar pronto, al menos esta semana me saco los tomuer de encima y del placard.

jlg

Anónimo dijo...

Caperucita Coja y el bobo.

Para la próxima una violación eh.-

Hombre de Neanderthal dijo...

El preámbulo puede llegar a ser más importante que lo deseado, tan fácil como diferenciar al azar del destino.

oenlao dijo...

amore amore

Anónimo dijo...

Jota Pe: Es un final posible...

Druida de Noche: Eso o un robo que salió muy mal...

Clara y Pepe: Emocionantes, porque uno nunca sabe lo que va a encontrar en el tren.

Joe: Sigo esperando, sigo esperando...

Anónimo: Lo voy a pensar (mentira, ya lo pensé...)

Hombre de Neanderthal: Como decía Pascal, lo peor es siempre alcanzar lo deseado.

Oenlao: Eso mismo.

Saludos a tod@s

Patto dijo...

Excelente!

Anónimo dijo...

Me recordó a Raymond Queneau, por alguna razón.

Pasando a la historia, ninguno de los dos faltaría a la cita el día siguente.

Saludos.