Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
...
Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

lunes, 31 de mayo de 2010

Pegatina

Ese día, por la mañana bien temprano, había llevado el auto a que lo lavaran, lo enceraran, le pasaran silicona y lo enceraran (no necesariamente en ese orden).
Había quedado espectacularmente brillante. Hermoso como recién salido de la línea de montaje, descansando en la calle junto a la puerta de mi casa.
A las pocas horas, cuando el sol corría a dormirse en la otra mitad del mundo, quise salir a dar un paseo en mi impoluto vehículo. Pero, para mi desgracia, descubrí que un miserable perro había apoyado su inmunda pezuña llena de barro sobre la puerta del conductor.
Días después me comentaron que el alarido con el que insulté al aire, se escuchó a cinco cuadras a la redonda. Pero no sé si será cierto.
Lo que sí lo es, es el hecho de entrar corriendo a la casa para buscar el rifle y volver a salir disparándole al cielo. A diestra y siniestra, contra todos los perros que encontré en la calle.
Gritaba, disparaba, insultaba y volvía a disparar. Veía gente correr en todas las direcciones, también ellos gritaban, pero mi grito era más fuerte aún.



Al recargar el rifle por quinta vez, noté algo nuevo. No, no nuevo, porque ya lo conocía.
Volví a ver la huella de perro embarrada sobre otro de los autos. Y un tercero un poco más allá. Y en el que estaba un poco más lejos, y en el siguiente también.
Había dejado de gritar y disparar, o de disparar y gritar, y la gente volvía a asomarse en los portales; de lejos se oía el ulular de una sirena.
Me quedé allí, de pie y estático, en la esquina, mirando la pegatina publicitaria que confundiera mi entendimiento.
Miré hacia atrás, hacia mi locura, descubrí los destrozos que causara. Los perros malheridos y la gente desangrándose en la acera. Los vidrios rotos y el fuego ardiendo con morosidad en la otra esquina.
‘Qué desastre’, recuerdo que pensé.
Me llevé el cañón del rifle a la boca y gatillé. Pero el arma estaba descargada, los cartuchos estaban en mi mano. No podía hacer más.
Para empeorar las cosas, veía venir corriendo hacia mí al cuerpo de elite de la policía, con sus bastones antidisturbios en alto y sus flamantes chalecos antibalas.

13 comentarios:

Luna dijo...

Por eso yo no lavo el auto.

Besos

José 'Dragon de Azucar' A. García dijo...

Por eso yo no tengo auto...

Saludos

J.

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

Umm, yo llevo fatal la violencia y este tipo de locura...
Pero el texto engancha y a eso vengo.
Un beso.
LADY JONES

JuanT dijo...

Digamos que depositaba mucho de su estima en su auto...

Qué bomba de tiempo, mama mía

Juan Carlos Eberhardt dijo...

yo ya no estaba ,pero un perro me contó lo del loco de la escopeta ,dueño del auto que esta en el patio de la comisaria donde duermen todos los perros .
un abrazo

El Mitófago dijo...

yo pensé que iba a terminar con un "y reí reí reí mwajajjajjjaj"

la vida debería ser más como los dibujitos animados.

Anónimo dijo...

yo tenía auto pero no lo lavaba, ahora no tengo, tampoco me gustaría tener, pero tampoco tengo más esas reacciones y espero no volverlas a tener.

mikkonoss dijo...

guau... Mmmm..rghhmm ... ¡miau! jaJAja... (Yo tampoco lavo el auto jamás, solo lo hacen en la concesionaria, en cada uno de los services regulares. Los japoneses son muy pulcros... jaJAja

El Mitófago dijo...

ahora q lo pienso, ese tipo necesitaba más balas.

NoeliaA dijo...

Oh, sí, la gente suele juzgar demasiado rápido. La hiperactividad es una enfermedad que no deja realizar ninguna actividad, o al menos, ninguna actividad adecuadamente. Más bien es un sobrevuelo histérico que conduce a la frivolidad y a la vertiginosidad en el modo de comprender y encarar los hechos. Somos una sociedad enferma. Pero puedo decir con certeza "de esta agua no he de beber", porque soy incapaz de matar a un perro.

José 'Azucarero' García dijo...

Un Saxofonista en mi salón azul: De vez en cuando hace bien liberarse un poco. Pero hay que ver contra qué nos las agarramos.

JuanT: Conozco mucha gente que lo hace, y que se sintió identificarlo al leerlo.

Juan Carlos Eberhardt: Sería un buen final para tan animal personaje. ¿O no?

Mitófago: En los dibujos animados nadie muere, en la vida tampoco, pero de vez en cuando hace falta algo de muerte.

Anónimo: TODO vuelve, cuando menos te lo esperes.

Mikkonoss: Lavar el auto seguido daña el medioambiente.

Mitófago: Sin dudas.

NoeliA: La frivolidad lo explica todo. Definitivamente.

Saludos a tod@s

paula dijo...

es la publicidad, que incita al crimen

José 'Azucarero' García dijo...

Seguro. Hace tiempo que dejé de dudarlo, desde que lo leí en un cartel.

Saludos

J.