Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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viernes, 16 de mayo de 2008

Fahrenheit 451 1/2


Y pensar que cuando leí el libro de Bradbury creí que era imposible que se llegara a eso. Que iluso era hace apenas unos años. La sociedad me demostró que puede llegar a ser como la imaginaba la ciencia ficción; no, me retracto, no puede ser como la describían en esos libros, es peor.
No, no he visto ningún bombero incendiando pilas de libros; he visto cosas peores. He visto gente que tira libros a la calle por que juntan bichos, gente que prefiere que le cuenten las historias a tener que leerlas, gente que nunca ha leído libro alguno, pero conoce hasta el último dato del romance del artista de moda.
He visto el futuro en los ojos de un niño que no sabía lo que un libro es; y es un futuro oscuro, triste, gris, solitario para los que recordamos el gusto de una buena lectura, el placer de recorrer los paisajes que podemos imaginar con las palabras. Cada vez somos menos los recordamos cómo hacer algo semejante.
La bibliotecas están vacías de lectores, los libros aguardan pacientes que alguien los despierte o, siquiera, les quites el polvo que acumulan. Pero nadie vendrá hoy a despertarlos, nadie los limpiará mañana, nada cambiará pasado mañana; el héroe que ansiamos no hará su aparición en el momento indicado. Y aquello que construyó a lo largo de siglos, se echará a perder para siempre.

1 comentario:

José A. García dijo...

Once años y un par de meses después de escribir esta reflexión, y habiendo hecho un par de correcciones de redacción en la misma, sostengo que aún pienso algo bastante similar.

El mundo digital nos hace perder el contacto con la realidad. Y sí, parte de la ironía es decir algo semejante en, precisamente, el mundo virtual.

Lo interpreto como parte del mismo problema el que nadie haya hecho comentario alguno en el tiempo que pasó, no lo digo al momento de su publicación. Ni siquiera una palabra de apoyo, o una negación, sino la nada misma.

Nos leemos (o no).

J.