Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
...
Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

jueves, 8 de mayo de 2008

Lunes en la cafetería…

Poca era la gente en la cafetería esa mañana de lunes, poca para ser lunes, quizá, precisamente, por ello. Nadie prestó atención al último cliente en entrar, ni siquiera porque permaneció de píe frente a la puerta. La media docena de clientes continuó desayunando como si nada, mientras la camarera trapeaba el suelo.
-¡Soy DIOS! – gritó el hombre de junto a la puerta, levantando los brazos para que la capa que llevaba flameara a sus pies –. ¡Soy DIOS! – repitió.
Nadie pareció escucharle, siguieron tomando su café, continuaron leyendo su periódico.
- Levanten los ojos, contemplen la gloria…
Moviendo apenas la cabeza, desde la barra, un hombre lo miró de soslayo.
-¡Incrédulos! – continuó el autodenominado dios –. Os digo que soy Dios, que he venido a la Tierra, a éste preciso lugar, sólo para que ustedes me contemplen. ¿Y pretenden ignorarme?
La camarera dejó el trapeador contra una de las mesas y se llevó el balde con agua detrás de la barra.
- Veo que están faltos de fe, que necesitan una muestra de mi poder. Muy bien. Multiplicaré éste trozo de pan que traigo en mi bolsillo.
Decía esto al tiempo que dejaba sobre la mesa más cercana un pan que parecía estar partido por la mitad.
- Es mi deseo omnipotente que donde antes había uno haya, ahora, dos – dijo en tono solemne.
Aprovechando que aún nadie le miraba, dejó otro trozo de pan junto al anterior, con un rápido movimiento de manos.
-¡Hay lo tienen! ¿Qué otro milagro necesitan para venerarme?
Habiendo cambiado el agua del balde, la camarera regresó del fondo del local para continuar con su labor. Al pasar junto al aparato, encendió la televisión que colgaba sobre la barra.
Un noticiero llenó el lugar de sonido.
-¡Soy mucho más poderoso que ese maldito aparato! ¿Qué necesitan para creer en mí…?
Aún limpiando el suelo, la camarera se acercó a la puerta bloqueada.
-¿Una conversión? ¿Una resurrección?
Sacó un arma de otro de sus bolsillos y apuntó a la camarera, que le daba la espalda.
- Ella será la prueba de mi poder – dijo antes de disparar.
La mujer cayó sobre el suelo mojado. Ya tenía la atención de todos.
- Ahora. Pequeña. Regresa – dijo el hombre-dios –, tus heridas ya no están, tu cuerpo no ha sufrido daño alguno.
La mujer no se levantó.
- Pequeña – la llamó –. ¿Pequeña?
Los atónitos espectadores del drama reaccionaban poco a poco, llamaban a la policía en susurros, pedían por una ambulancia con deseos.
- Su alma se ha ido muy rápido – dijo el hombre-dios –, por ello no despierta. No se preocupen, devotos míos, sólo debo ir a por ella y traerla de regreso. No me tomará más que unos segundos.
Apuntó, con el arma, a su cabeza y disparó.
Dos cuerpos esperaron, pacientemente, en el suelo húmedo, a que llegaran los paramédicos.
Ninguno volvió a levantarse.

2 comentarios:

Morrigan dijo...

Me hiciste recordar a un hombre que se autodenominaba "iluminado" y era la encarnación del dios cristiano en la tierra, y todo esto le había sucedido al lado de una churrería ¬¬
Excelente escrito... bueno, como todo lo tuyo que hasta ahora conozco.

Dragón de Azúcar dijo...

Gracias morrigan por el apoyo y tus palabras, tú sabes que a mi también me gusta lo que hago...
quiero decir, lo que tú haces..