Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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sábado, 23 de enero de 2016

Las aventuras intergalácticas de los sobres de ketchup caducos

Capítulo 23 – De la muerte



Flotaban los sobres de aderezo caducos por la inmensidad del cosmos, contemplando sin ver y en silencio, las estrellas y la danza de los cuerpos celestes. Sintiendo, muy tenuemente, una extraña fuerza que tiraba de ellos.
            —¿Lo sientes? —preguntó el ketchup de abril, con un dejo de temor en su interior.
            —Por supuesto, es una fuerza que nos iguala, que no distingue de jerarquías ni de fundamentaciones en su accionar —respondió, con cierto todo de resignación, el ketchup de octubre.
            —Hablas como si supieras de qué se trata, cuando lo que se siente es, apenas, una suave caricia.
            —No tenemos manos, ergo somos incapaces de entender lo que una caricia significa —respondió el ketchup de octubre.
            —Es una metáfora.
            —Lo sé. Por supuesto que sí, pero, sobre ciertos temas, aunque parezca que sólo puede hablarse a partir de metáforas, en necesario hacerlo abiertamente, sin remilgos.
            —¿Qué es, entonces, esa fuerza que nos igual? —preguntó el ketchup de abril intuyendo que la respuesta no sería del todo de su agrado.
            —Dudo que sea otra cosa más que la muerte —respondió el ketchup de octubre.
            —¡Sabía que dirías eso! —exclamó el ketchup de abril.
            —Lo sabías pero necesitabas escucharlo.
            —Ciertas verdades resultan aceptables sólo cuando alguien más las pronuncia. De ese modo obtienen otra entidad, otra realidad en sus palabras, que sin bien podríamos haberlas dicho, preferimos limitarnos a escucharlas.
            —Es el parlamento más extenso que creo haber escuchado en todo el tiempo que llevamos juntos —dijo el ketchup de octubre—, y eso es demasiado tiempo.
            —Si es un cumplido, gracias; si no lo es, también, gracias. Es poco lo que queda por hacer si tienes razón.
            La fuerza que apenas se dejaba sentir anteriormente, comenzaba a ser cada vez más evidente, más persistente, marcando su presencia, señalando que allí existía algo más que sólo ellos dos.
            —Salvo esperar —concluyó el ketchup de octubre.
            —Como si eso no fuera, de por sí, demasiado —dijo el ketchup de abril.

4 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

¿Será la materia oscura lo que perciben?

censurasigloXXI dijo...

Siempre dudo en si habré interpretado bien aquello que quieres decir, muy caracterírtico de tus escritos en mí. También te siento como una especie de juez que pensará: "Esta mujer no se entera de nada. le voy a hacer copiar cien veces: 'En clase estaré más atenta' "... :)

Bueno, pues esta vez es posible que pase lo mismo.
Allá va.

Es patente ese sentido de la vida que sienten ambos, aunque caducados, parece que sienten un final flotar como una especie de, no, amenaza no... una especie de ligera brisa que avisa de que cualquier día te soplará de muy cerca. Vivir sintiendo la muerte revolotear, como si esa brisa fuera de sus alas; y, lo más bonito es que se trata de una sensación cósmica y no humana solamente.

Aaaaah, me gustó el texto.

Un abrazo y tu cafelito.

José A. García dijo...

Demiurgo: realmente, la mayor parte del tiempo no sé de qué es lo que hablan estas criaturas, sólo me contento con servir de escriba para sus diálogos.

Censuras: No creo estar en posición de juzgar a nadie, ni a nada, por ninguna razón. Estos textos, como todos los del blog, son de libre interpretación. De allí hacia donde se entiendan. Y si no se entienden es puramente culpa de quien los escribe (sea quien sea ese personaje).

Gracias por las visitas y los comentarios.

Saludos

J.

la MaLquEridA dijo...

Los ketchup son acariciados levemente antes de apachurrarlos.


Saludos