Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

jueves, 15 de agosto de 2013

Las aventuras intergalácticas de los sobres de ketchup caducos

Capítulo 12 – De los nombres


—¿Quién le dio su nombre al cielo? —preguntó el sobre de aderezo caducado en un otoñal abril de un hemisferio inexistente—. ¿Quién nombró los planetas y las estrellas?
—Por mi parte —dijo el ketchup vencido en alguna revolución caduca de un olvidado octubre—, quisiera saber cómo es que albergas tantas dudas en tu interior.
—Tal vez, si respondes a mis preguntas, yo pueda responder a la tuya.
—Dudo mucho de que seas capaz de hacer eso —dijo el ketchup de octubre, le veríamos una amplia sonrisa de no ser porque carece de rostro—, pero hagamos el intento.
Permanecieron en silencio girando sobre sí mismos, acercándose o alejándose por momentos, hasta que el ketchup de octubre habló nuevamente.
—La culpa la tiene el miedo —dijo y previendo la intervención de su compañero de deriva cósmica, continuó—, a lo desconocido, a no saber qué es lo que nos rodea, a nosotros o a los demás, a quien haya inventado las palabras para nombrar los objetos.
—¿Por qué? No lo comprendo —dijo el ketchup de abril.
—Porque de esa forma, conociendo los nombres de todas las cosas, se las rebaja a nuestro nivel, las conocemos aún sin verlas. Decimos mundo, apocalipsis, dios, Juan Salvo, y la comprensión de esos términos nos ayuda a continuar viviendo.
—Entonces…
—Metafóricamente hablando, le restamos poder e importancia dándoles nombres, poniéndoles títulos como rey, duque, gerente o presidente, que no significan nada, que no otorgan dignidad, al contrario, exponen a quien los detenta al ridículo y al escarnio. ¿Comprendes?
—Si, creo que sí —respondió el ketchup de abril.
—Bien, porque ahora tienes que explicarme tus ansias de conocimientos y tu capacidad de hacer tantas preguntas.
—Es que, lo que sucede —dijo el ketchup de abril—, verás sólo sé que no sé nada…

5 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

¿La marca de la catsup era Sócrates? Je

NoeliaA dijo...

Muy buena la idea de que al nombrar las cosas las reduzcamos. Todo nombramiento sería, bajo esta perspectiva, una reducción, una síntesis, una suerte de esbozo, algo siempre inacabado. Me gustó mucho el planteo. Un saludo, José

aristio dijo...

Para los judìos conocer el nombre o darle nombre a algo era apoderarse en cierta forma de elllo (por eso no nombraban a Dios con su nombre). Exacto, no habia caìdo en eso: que los tìtulo mas que dar dignidad exponen a la gente. Que buena. Saludos, primera vez q te visito

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Interesantes planteos de los caducos.

Esilleviana dijo...

Alguna vez leí que teníamos la manía de nombrar todas las cosas, seres y realidad que nos rodea para estar permanentemente en contacto y comunicarnos con los demás. Si no tuvieran nombre que los describiera no podríamos hablar entre nosotros. Pero tu reflexión es aún más profunda.

un abrazo profesor