Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
...
Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

viernes, 11 de marzo de 2011

Ni una sola palabra

—No entendés nada —repitió.
   Llevó por enésima vez la taza hasta su boca y bebió, o fingió beber, porque a estas alturas o la taza estaba vacía o el té estaba fríamente horrible. Sin embargo, continuó con sus torpes movimientos.
   —¿Qué? ¿No vas a decirme nada? —continuó.
   Dejo la taza sobre la mesa y se acercó a mi silla. Pude ver como arrastraba los pies, sin dudas las piernas aún le dolían después de tanto esfuerzo esa larga hora previa a encontrarnos allí, en la cocina, sentados con la mesa de por medio.
   —De verdad; quiero que digas algo.
   Miré sus ojos, grises, opacados por los años. Las comisuras de su boca llenas de pequeñas arrugas. Sus pestañas falsamente curvadas. Me resultaba imposible encontrar algo en todo ello. Lo que fuera. No había nada.
   —¿Cómo tengo que pedírtelo? — preguntó suplicante.
   Su falda, mal puesta, se había caído un poco, descubriendo parte de su ingle, de la curva de su cuerpo que conducía hacia ese pubis que tan bien conocía. Parecía no importarle, porque no hizo nada para acomodársela.
   —En serio, decime algo… —diría que gimió.
   Continuó acercándose a mi silla con pasos gastados, agitando sus senos bajo su entrecortada respiración. Sus ojos brillaban con lágrimas que nunca caerían de ellos.
   —Una palabra tuya, una sola, será suficiente —dijo haciendo refulgir el filo de la cuchilla cerca de mis ojos; y yo, que intentaba desatar mis manos, o mis piernas, para alejarla de mí, luchaba al mismo tiempo contra el trozo de cinta engomada que tapaba mi boca.
   Porque era obvio que no esperaría mucho más. Ya sus manos palpaban mi pecho buscando el punto ideal en el cual penetrar mi cuerpo con el frío metal que sus vengativas manos sabrían manejar muy bien.

10 comentarios:

Sole dijo...

Impecable.
Los ojos, la taza, las arrugas, la respiración. No dejás de lograr que pueda verlo.
Un abrazo.

oenlao dijo...

Mañana reunion de historietistas rebeldes fijate aca:

http://67.19.107.250/~acartoon/?p=3892

Despues leo bien sus impecables escritos, estoy atrasado.

eMiLiA dijo...

La descripción es perfecta. Toda la escena pasó dibujada ante mis ojos.

¿Siempre llega la hora de la venganza?

:)

Un abrazo!

Claudel dijo...

La taza vacía llevada a la boca
una y otra vez

Perfecto!

La sonrisa de Hiperión dijo...

Ni una palabra más cabe en el plato...

Saludos y un abrazo.

Caro Pé dijo...

wau José excelente, me imaginé todo ;)
Beso

NoeliaA dijo...

Qué jodida la situación, parece de pesadilla.
Bien narrado, José.
Un abrazo

Thor_Maltes dijo...

creo que uno de los problemas mas grandes que tenemos es el de comunicación

Alejo Zimmer dijo...

El brillo húmedo que no cae de los ojos. Eso bastó para calcar el dibujo de ambos personajes. Bravo.
Un abrazo José,
Alejo Z.

José A. García dijo...

Sole: Gracias. Diría que viví una escena similar, pero sería mentira (o no…)

Oenlao: Gracias por la información.

Emilia: Algunos se pasan toda la vida esperando esa posibilidad de venganza.

Claudel: Gracias. Hay gente que no sabe que hacer.

La sonrisa de Hiperión: Gracias por la visita y el comentario.

Caro Pé: Gracias.

Noelia: Tal vez alguna vez alguien haya vivido una pesadilla similar. Por suerte yo sólo me la imaginé.

Thor: La comunicación, la falta de ella y la hipercomunicación que no nos permite saber nunca que es lo que realmente queremos y/o necesitamos. Es cierto.

Alejo Zimmer: Gracias por tus palabras Alejo.

Gracias y saludos a tod@s

J.