El problema de vivir en un país con tan pocos referentes de la cultura, vivos o muertos, pero más que nada del segundo grupo, es que cuando se piensa en ponerle nombre a algún lugar relacionado directa o tangencialmente con la cultura, siempre se recurre a los mismos dos o tres, porque tampoco vale la pena pensarlo mucho, ¿o sí? Es así que tenemos cines, teatros, centros culturales, bibliotecas, puentes, túneles, edificios de oficinas, empresas, municipios, cementerios, museos —que son otro tipo de cementerios—, con el mismo nombre o uno lo suficientemente similar como para atraer la confusión.
Por casualidad me había enterado que el último viernes se proyectaría, gratis, una versión remasterizada y mejorada digitalmente, de una película del expresionismo prusiano. Era una de las pocas muestras sobrevivientes de este arte, destruido en su mayor parte durante la guerra. La proyección sería en el Cine RPI —por las iniciales del nombre de quien ya todos sabemos—, el cual forma parte del circuito cultural de la ciudad. Como el cine queda cerca de mi casa, estaba sumamente interesado en ver la película, y las entradas se entregarían por orden de llegada, como es habitual en estos casos, me acerqué hasta allí bastante temprano.
Al llegar me sorprendió encontrarme con que no hubiera prácticamente nadie en la vereda, es más, en el interior del cine solo estaba el portero, semidormido, quien me informó que no había nada programado para ese día. Tercié su respuesta diciendo que no era así, que había una proyección programada para esa misma noche. Él repitió que no, yo repetí que sí, que no, que sí. Hasta que me iluminé y busqué en internet la información pertinente y se la mostré.
—Dice teatro RPI —dijo el portero leyendo con atención de la pantalla de mi celular—. Este es el cine RPI. Y, como ya le dije, no hay nada programado para hoy.
—¿Qué?
Amplié en detalle el flyer y, en efecto, se leía claramente Teatro RPI y no Cine RPI. ¿A quién se le ocurre proyectar una película en un teatro?
Miré la hora y todavía tenía una dos horas y media para llegar. Por suerte sabía que por allí cerca pasaba un ómnibus con un trayecto que atraviesa toda la ciudad y me dejaba bastante cerca del Teatro, por lo que al subir dije claramente al chófer:
—Voy hasta el teatro RPI.
Me cobró el pasaje y me senté.
Promediando el que yo sabía que era el trayecto de esa línea, el ómnibus se detuvo en la dársena de estacionamiento de la Plazoleta RPI. El chófer no se movió de su asiento, pero luego de que los pocos pasajeros que quedaban descendieran del vehículo, apagó el motor. Nada más aterrador que el detenerse del motor de un ómnibus ante la posibilidad de que este nunca vuelva a encenderse. Haciendo acopio de fuerzas, me acerqué al chófer.
—Hace meses que el municipio modificó los recorridos de la línea, ahora terminamos acá —explicó.
—Pero cuando subí dije que iba hasta el teatro RPI.
—¿En serio? Yo le entendí plaza RPI. Y esa plaza es esta, como dice ahí, en ese cartel.
Miré por la ventanilla, miré al chófer, miré la hora, que ya se acercaba peligrosamente al inicio de la función.
Me senté en el primer asiento del ómnibus sintiéndome derrotado y dando por sentado que me perdería la película, porque ni corriendo ni recurriendo a alguna otra línea llegaría a tiempo, ni siquiera con un taxímetro de esa nueva compañía, Taxis RPI.
Mencione, sin repetir y sin soplar, todos los lugares que llevan el nombre de Julio Cortázar en la Ciudad de Buenos Aires. Tiempo... ¡Ya!
ResponderEliminarSaludos,
J.
Inconvenientes de pocos referentes para la cultura de un país.
ResponderEliminarY de no leer o escuchar con precisión.
Saludos.
Bien pudiera ser que la otra cara de la cuestión resida en denominar los parajes con el nombre de cualquier ciudadano que no hubiese realizado nada singularmente notable. Ello evita equívocos, desde luego; empero, nos deja viviendo sin una verdadera identidad de grupo, huérfanos de esa memoria compartida que, a la postre, confiere carácter a una comunidad. No sé, pero se me antoja un tanto triste el panorama.
ResponderEliminarQuizas en dictadura es cuando mas pasa eso..... todo se consagra al lider o caudillo
ResponderEliminarIncluso los postres llevan su nombre
Tantito que es repetitivo, aunado que es despistado el protagonista y el chófer que no ayuda...
ResponderEliminarCines gemelos y cines gemelos +, unos al norte y otros en centro, el despiste solo una vez me sucedió y fue suficiente para tacharlos de mi lista.
Me recuerda el texto a Corea del Norte.
ResponderEliminarSalu2.
Pues se va andando lo que quede. Si se pierde el principio, no pasa nada porque seguramente la peli ya la había visto. Aqui la novedsd es ver la remasterizacion y eso con llegar al The End , o com9 se diga en prusiano, ya esta. Otra cosa hubiera sido una pelicula impresionista francesa, pintada por Monet.
ResponderEliminarAbrazooo
Por aquí también pasa parecido. toda ciudad que tenga algún artista o prohombre te encontrarás con su apellido el teatro, la calle, la plaza, el barrio y hasta alguna pescaderia rotulado con él.
ResponderEliminarCreo que en muchos lugares ocurre algo así, las sociedades humanas tienden a elevar y adorar ídolos 😅😅😅...no importa si fueron o son buena gente
ResponderEliminarSaludos 💐
Boa tarde meu querido amigo José. Sempre morei num bairro da cidade do Rio de Janeiro, chamado Tijuca. Todos os cinemas antigos acabaram. Alguns se tornaram lojas, outro virou Igreja Universal. Obrigado pelas palavras no meu aniversário e um grande abraço do seu amigo carioca. Um excelente tarde de domingo, para você e todos os seu familiares.
ResponderEliminarMe parece bien, mientras no se idolatre, como se hacía hace no muchos años, a conquistadores, tiranos y, en definitiva, a auténticos hijos de puta. Creo que deberás hacer una descargar ilegal del evento.
ResponderEliminarHoy he dado rienda suelta a mi imaginación. No tengo idea si te gustará.
ResponderEliminarUn saludo de Buscador.
Mi mujer me infunde confianza cuando me echaron del trabajo. Un amigo me dice que el gobierno ofrece 5000 puestos de trabajo para cuidar jardines, limpieza de la calzada, bedeles para colegios o administrativos para la delegación de gobierno. Tengo que pedir una solicitud de trabajo en la oficina de ministerios y contar con historial laboral.
Hago turno por número para pedir mi solicitud. Mucha gente es extranjera otros, nacionales y otros minusválidos de varios países. Los hay negros, rumanos, gitanos, latinos... un sin fin de nacionalidades que quieren ganarse la vida para salir adelante. En la ventanilla nos atiende una chica que al parecer hace lo que le da la gana para admitir a unos y a otros. Va por el número 7 y yo tengo el 35.
Supongo que es la primavera o el ardor vaginal porque me he fijado que da facilidades a chicos esbeltos y bien formados; incluso le rellena la solicitud con extrema atención cosa que a un jorobado, otro gordo y otro bizco de un ojo, ni les hace caso....Soy bastante observador y no se me escapa detalle del asunto.
Llega mi turno y la chica me examina con atención mostrando un deje y una mirada de que no le gusto. Me pregunta la edad y le digo que 57.- ¿57?- dice sin miramientos. Se acaricia una ceja, se acaricia la barbilla y me dice que vuelva mas tarde porque no sabe si reúno las condiciones.
Vuelvo un poco mas tarde. Tengo el número 65 y va por el 47. Delante hay dos tipos de dos metros que en mi imaginación le activa las hormonas femeninas de tal manera, que a uno le da su número de teléfono por si tiene alguna duda...Llega mi turno y a la funcionaria parece que le doy asco o un contratiempo. Me dice que a esa hora cercana a las dos de la tarde termina su trabajo. Yo le insisto pidiéndole un favor y parece que la estoy insultando...Me voy preocupado.
Tengo un amigo cubano que sirve copas en un Pub. El chico tiene éxito con las chicas y le pido que se haga pasar por mi en la oficina de los ministerios para obtener mi solicitud de trabajo. El accede y cuando llega a la oficina del volcán de Venus, todo son atenciones para el pero, le pide el carnet y ahí la hemos cagado otra vez...Mi amigo me dice que le gustan los cubanos porque ella se lo ha dicho y yo le pido algo de ropa de la que el usa para salir y con un tinte en la piel, yo soy un cubano en toda regla. Tengo tinte de cubano hasta en la foto del carnet falsificado por mi mujer que es una artista.
Al tercer día vuelvo a la oficina de los ministerios vestido de cubano, cubano. He ensayado el acento y no se me da mal. Venus ardiente me echa el ojo encima. Me rellena la solicitud al instante. Me dice que si tengo un hijo y lo demuestro, los trámites se agilizan.
En el edificio de enfrente está inmigración y veo a una mulata con su hijo mulato. Le pido que me lo preste un momento, que le doy 20 euros por el favor.
El niño es un niño tranquilo de unos 4 años. Me toca el turno y le presento a Venus a mi hijo. La chica se encariña con el y el niño se echa a llorar porque quiere irse con su papa y su mama...Venus me identifica y llama a seguridad por falsedad de identidad...
Ahora estoy en la cárcel. Cumplo condena de tercer grado. Mi mujer me visita a veces y en prisión me han hecho un contrato para la limpieza de los módulos...
La plaza que esta sobre la calle Serrano tiene el nombre de don Julio, creo, espero no equivocarme.
ResponderEliminarY en cuanto al relato, cuando algo tiene que salir mal...sale mal.
Saludos.
El problema que se genera con la nombrada de lugares públicos con la nominación de un personaje en una cultura de culto. Un abrazo. Carlos
ResponderEliminarAl igual no se tiene actualizado el Google Maps y todo conduce a error ¡¡¡
ResponderEliminarCosas que pasan cuando no se conocen las costumbres de una tierra
ResponderEliminarUn saludo José A
Puri
Casi fuera del tema, cuando era más joven pensé que en Argentina a donde fuere vería sólo "Eva Perón", cine Eva Perón, carnicería Eva Perón, biblioteca Eva Perón y demás haha. Ya nadie ve películas en el cine, por eso las palomitas cuestan más o menos lo que un Ferrari.
ResponderEliminarCreo que tu ciudadano en busca del teatro RPI ha quedado algo tocado, quizás deberíamos entonar un RIP
ResponderEliminarMe ha gustado mucho ese sentido del humor. Hay un borgiano recóndito en tu literatura. Pero, broma y calidad de lo escrito por descontado, también por estos pagos se da real lo que en tu relato pretende ficticio.
ResponderEliminarMe ha encantado el relato, una especie de "teléfono descompuesto" donde se entiende solo lo que uno cree oír.
ResponderEliminarMuy muy bueno.
Saludos
No puedo decir que no estoy en desacuerdo con usted. Saludos.
ResponderEliminarA veces , quieres ver algo de expresionismo prusiano y lo acabas viviendo en primera persona :)
ResponderEliminarTeniendo en cuenta la manía que tenemos de reescribir la historia con nuestros valores actuales, creo que es mejor que las calles tengan números como en algunas ciudades. Los números, de momento, no han sido criticados...
De esto se deduce que es más importante identificar la infraestructura a la que se quiere visitar que el nombre en si.
ResponderEliminarTal vez si te tomabas un Uber RPI o una bici retornable RPI todavía llegabas a tiempo...