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sábado, 21 de marzo de 2026

Aceptar

Despierto en una cama que no es la mía, estoy en la habitación en la que duermo cuando mi madre me trae a visitar a mis tíos durante el verano. Escucho ruidos del otro lado de la puerta y en la planta baja. Con cuidado espío por la puerta entreabierta, veo que un grupo de personas está destrozando la casa, rompen muebles, tiran abajo los cuadros, arrancan las cortinas; hay voces que gritan, otras que ríen, creo escuchar que alguien llora. Veo que algunos de los atacantes bajan las escaleras llevándose lo que pueden cargar y otros que suben para seguir rompiendo y buscando. No sé qué buscan ni qué esperan encontrar, por las dudas, y por miedo, salgo corriendo de la casa después de lograr llegar a la planta baja sin ser visto.
    Regreso cuando ya es de día. La casa está vacía, parece que han sacado los restos de las cosas rotas y ordenado lo poco que quedó en pie. Encuentro tres ataúdes cerrados acomodados lado a lado en la que fuera la sala principal de la casa, me entero que durante el ataque han muerto mi tía, la esposa de mi tío; mi madre; y un niño. Mi tío es el único que vela por los muertos. Entro en silencio e intento tomarle la mano para que sepa que estoy allí, pero no la abre, no acepta mi gesto, creo que ni siquiera me ve.
    Al día siguiente, finalizadas las exequias, viajamos los dos hacia la casa familiar. Mi tío viaja en silencio, lo miro y noto que está conteniéndose para no llorar, lleva los puños apretados; yo no digo nada, además, no sabría qué decir. El movimiento rítmico del tren hace que duerma la mayor parte del viaje.
    Cae la noche ya cuando llegamos a la casa, desde el parque nos damos cuenta que hay gente dentro, que también están saqueando esta casa. Las ventanas están rotas y han tirado parte de muebles y ropa al exterior. Se ve fuego en una de las ventanas que no es la de la cocina. Las plantas de los canteros cercanos a la puerta principal han sido destruidas y la tierra removida. Las luces, de momento, están todas encendidas.
    Con mi tío entramos en la casa. Él lleva un rifle de asalto militar colgando de la espalda y un revólver en cada mano. La gente que saquea la casa huye al escuchar los primeros disparos al aire. Escondido detrás de mi tío, nadie me presta atención. Miro sin entender qué es lo que buscan, han roto cosas de mucho valor para llevarse otras que no sirven para nada; si lo que querían era dinero lo dejaron atrás, ni siquiera tocaron la caja de cartón en la que lo guardamos junto con las joyas y viejos recuerdos de oro y de plata. Nada tiene sentido.
    En medio del silencio que se recupera poco a poco, mi tío se sienta en la única silla que sigue en buen estado. Le pregunto qué haremos ahora, cómo vamos a seguir, si vamos a intentar apagar el fuego o debemos llamar a alguien más, porque los criados también han huido; le pregunto qué pasará ahora con la familia; le pregunto por qué se pone la punta del rifle en la boca y se saca uno de los zapatos. No me escucha, ni siquiera me mira cuando me pongo frente a mis ojos, es como si yo no estuviera allí. Lo único que me queda, lo último que puedo hacer es aceptar que yo era el niño que muriera durante el ataque a su casa.



26 comentarios:

  1. Aceptar o no aceptar, esa parece ser la cuestión última, siempre.

    Saludos,
    J.

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  2. Me recordó a la película, The Others, ellos no sabían que habían fallecido

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  3. Parece que ese es uno de los tantos problemas que tenemos al morir: No sabemos distinguir lo que es la vida ordinaria de la vida "despues de la muerte",

    no he muerto no he estado al otro lado, asi que no puedo confirmar de primera mano el asunto.

    A lo mejor uno muere y san se acabo, oscuridad total....

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  4. y siempre dudando, esa es la cuestión.
    Saludos

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  5. Se acepta todo cuando no hay solución, pero cuando no hay otra posibilidad ¿qué hacer?

    (En el último párrafo dices: "No me escucha, ni siquiera me mira cuando me pongo frente a mis ojos, es como si yo no estuviera allí". ¿Es correcto?)

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  6. Todo lo inexplicable se vuelve maravilloso. Salud-os.

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  7. El tio era de armas tomar. No se especifica si tenía el pulgar del pie bastante delgado como para poder meterlo en.el agujero del gatillo; que no lo parece.
    Parece una purga familiar. Por arriba han dicho que recordaba a " los otros", a mi me recordoo al ambiente de la casa de los espiritus.
    Abrazooo

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  8. Qué relato tan bonito...
    PObrecitos todos, y el niño, sin saber que ya era un espíritu.
    Precioso
    Saludos

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  9. Es una dura historia pobre fantasma. Te mando un beso.

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  10. Una narración muy impactante. Qué sucederá en realidad, cuánto 3interés nos despierta ese gran misterio.
    Un abrazo.

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  11. Soberbia historia muy bien contada. Asumir la derrota final, no queda más

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  12. Quizá es más resignación que aceptación.

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  13. Despierto un día cualquiera y escucho abajo en el salón a gente. Me voy a vestir y me doy cuenta de que esta no es mi cama, tampoco mi habitación: Estoy en otra casa. Bajo al salón y en medio de tanta gente hay un ataúd. Todo el mundo me da el pésame por mi hermano muerto pero el difunto no es mi hermano, tampoco mis padres y mi nombre no es Manuel. Quiero salir de allí a toda prisa pero tengo 5 años y me retienen. Me dan un tranquilizante y me quedo dormido.

    Despierto un día cualquiera y abajo de escuchan llantos de mujer. Estoy en otra cama que no es la mía, en una habitación que no es la mía y mi familia es otra que no conozco. Me dicen: Enrique hijo mío tu padre ha muerto. Pero ese difunto no es mi padre ni mi madre es mi madre. Se abre la puerta de la calle de par en par para entrar un ataúd y yo me pongo a gritar porque quiero irme con mis padres y me hermano pero en la estancia hay un médico que ha certificado la muerte de mi supuesto padre. Me inyecta un tranquilizante y caigo dormido.

    Despierto un día cualquiera en otra cama, otra habitación, otra casa, otra familia y una mujer que dice ser mi tía me dice que mi madre ha muerto. Yo grito que no soy su sobrino que me quiero ir con mis padres y en el salón de mi casa hay gente que dice ser mi familia y que pobrecito pues he sufrido un shock y ahora no conozco a nadie. La difunta no es mi madre. Me vuelven a dormir con un tranquilizante.

    Siento que mi cama se mueve pero yo no me puedo mover pues estoy como paralítico. Al fin puedo abrir un poco los ojos. Estoy metido en un ataúd blanco. Quiero gritar, quiero salir corriendo, quiero moverme y una mano desconocida me cierra los ojos antes de poner la tapa del ataúd.

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  14. Impecable, amigo. Excelente remate final.
    Abrazos!!

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  15. Muy bueno José. Un relato que con sus detalles impresiona, tiene realismo.

    mariarosa

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  16. CensurasigloXXI: Para poder disparar el rifle usando los dedos de los pies.

    Saludos,
    J.

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  17. Desde el primer párrafo estaba deseando que el niño no fuera el propietario del pequeño ataud. Qué angustia. Odio no saber los motivos por los que los saqueadores no iban a por dinero sino a por destrucción y muerte. Y qué será del niño perdido entre dos mundos?
    Muy bien relatado, con sus pausas y su tensión. Gracias por el rato, ya del estrés me ocupo yo.

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  18. Buen trabajo que nos va llevando a un final incierto.
    Saludos.

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  19. los muertos siempre dejan cuentas pendientes.. la diferencia es esa, aceptar o no aceptar.

    Gran relato..

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  20. Tu texto me deja una sensación inquietante que va creciendo poco a poco hasta el golpe final. Empieza desde algo cotidiano, casi inocente, para ir deslizándose hacia el caos sin perder nunca ese tono contenido. Esa calma hace que la violencia resulte aún más perturbadora.
    Lo que más me impacta es la manera en que se construye la confusión: no entendemos qué buscan los atacantes, y eso refuerza la sensación de inquietud. Todo carece de lógica, como ocurre muchas veces con el dolor real.
    Un abrazo

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  21. Como Maia, yo también pensé en Los otros.
    El tío vengó a su familia.

    Es intriga que buscaban los atacantes, para ser tan violentos.

    Bien contado. Saludos colega demiurgo.

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  22. ¿Qué será de nuestra energía, perdida, retenida o malgastada cuando caiga el último grano de arena?, ¿será esta forma humana nuestra última oportunidad de liberarnos de un ciclo infinito de transformación o será nuestra prisión hasta el fin del universo?
    Saludos!

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  23. José, qué tormento para ese tío. Y entendible hasta cierto punto: si el hombre ve que todo lo que ama parte, que él parta con todo ello es la última pieza que completa y da por terminado, espero, el rompecabezas del sufrimiento que se antoja inamovible e inmutable e invencible. Va un abrazo.

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  24. Fuerte.
    ¿Tiene el teléfono de Bruno Stagnaro o Demián Rugna?
    Conversaría con ellos sobre estas pinceladas de guión de cine.

    Abrazos, herr J

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Trajeron su propia caña de azúcar...