Diario de un escritor que busca una reputación para poder ser menos que ella.
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sábado, 14 de mayo de 2022

Especial Entrada N° 1.111

Luego de tantos años recorridos junto con Proyecto Azúcar, que comenzara en el lejano 2008, y para hacer valer las mil ciento once entradas que festejamos con esta publicación, quería regalarles a los lectores habituales algo especial. Pero no se me ocurrió nada, por lo que recurro a presentarles un texto viejo. En este caso uno de los relatos que apareció en el libro publicado en 2014, Fábulas del cuaderno verde. El título del libro remitía, de manera directa, al color de las tapas que tenía el cuaderno original en el que se escribieron estos relatos. Verde es, también, el color de la portada del libro, para que no haya confusiones. Libro de relatos que, al momento de su publicación recibió las siguientes críticas:
    1 ― “Es una novela muy interesante”
    2 ― “¿Publicaste un libro? ¡Qué simpático!”
    3 ― “Antes de fin de año seguro que lo leo”

Ahora sí, el relato tal y como se escribió en 2011 y se conoció en 2014:

Peregrino sin dar un paso

Está decidido, padre. Por fin, luego de tanta frustración, he logrado pensar por mí mismo, desprenderme de la figura oscura, pesada, represora, de tu rostro pegado a mi hombro mientras me obligabas a tocar, una y otra vez, la novena sinfonía de Beethoven.
    ¿Recuerdas cuando apareciste en la puerta de la casa con dos marineros sudorosos y cubiertos de olor a pescado podrido que empujaron un piano hasta la sala? Esos hombres a los que diste, como pago por su esfuerzo, la opción de llevarse tres candelabros de plata de la abuela, o llevarse a mamá. ¿Dónde estará ella ahora? ¿En qué puerto tan lejano la habrán olvidado que nunca regresó?
    Tenía seis años y me obligaste a dormir junto al piano, a no alejarme de él más que los tres metros de la cadena con la que me ataste a una de sus patas. Todavía tengo las marcas en mi tobillo izquierdo, como también tengo la espalda cubierta de las cicatrices de los cortes que me hacías cuando erraba alguna nota. ¿Cómo pretendías que no me equivocara si quien me enseñaba a tocar el maldito piano no sabía nada de música?
    ¿Debo recordarte que mi maestro siempre fuiste tú? Sobre todo luego de que el francés ese que hiciste venir a la casa amenazó con denunciarte a la policía al ver que me obligabas a vestirme como niña. A los ocho años comprendí todos los significados que la palabra vergüenza encierra en sus nueve letras.
    Y tú aliento, espeso, siempre oliendo a alcohol sobre mi oreja mientras tocaba la novena, siempre la novena, una y otra vez hasta que te agitabas tanto que parecías a punto de morir. Pero no, te contentabas con gemir y suspirar.
    Ni una tarde libre me dejaste. Siempre estudiando partituras viejas, borrosas y manchadas por la humedad, a la luz casi inexistente de las velas que robabas de la iglesia. Si, padre, también sé eso. Ninguna vela apesta tanto como las de la iglesia.
    ¿No pensaste que hubiera sido mejor para ambos que compraras una pianola en lugar de un piano? Así hubieras tenido tu aburrido Beethoven, y yo mi libertad por fuera de esa jaula de madera con barrotes de marfil.
    Te odio padre. Te odié siempre. Por las enaguas, por los cortes y los golpes, por pretender que usara una bacinilla y nunca poder siquiera higienizarme mínimamente.
    Te odio padre, mucho, infinitamente, desde el día en que te olvidaste la ventana de la habitación abierta y vi que lo que creía un sueño de niño no lo era, y que ahí afuera había, realmente, un mundo. Uno que no se reducía a una sala maloliente, llena de desperdicios y mal iluminada.
    Pero, más que nada, y por sobre todas las cosas, te odio por lo que supe ese día, cuando le pregunté a un curioso que se asomó por la ventana, tal vez atraído por el olor, tal vez por mis gritos, que ningún otro padre obliga a su hijo a tocarle hasta el hartazgo la maldita novena sinfonía del maldito sordo de Beethoven, en un piano al que sólo le funcionan quince de sus sesenta y cuatro teclas.
    Está decidido, padre. Me iré, huiré por la ventana que en tu borrachera olvidaste cerrar y porque a pesar de tu férrea vigilancia nunca notaste que la dura pata de caoba del piano esta suelta. Fueron años de lucha contra su resistencia pero, por fin, lo he logrado.
    Me iré, padre. Pegaré fuego a éste maldito piano, y si arde la casa entera, y si tú mueres dormido en medio de tu borrachera no me importará, porque ahora sé que ahí afuera existe un mundo sin novenas sinfonías ni pianos donde tocarlas.

21 comentarios:

José A. García dijo...

Fábulas del cuaderno verde es un libro tan secreto que no se encuentra en Mercado libre ni en ningún otro lugar. Tan es así que ni siquiera la editorial sigue existiendo.
Algunos dicen que es para mejor, yo me incluyo entre ellos.

Saludos,
J.

Cabrónidas dijo...

Desde luego que 1.111 entradas no es una cifra cualquiera. Y si bien no podemos elegir padre y madre, podemos, al menos, elegir quitarlos de en medio y realizarlo. Por supuesto, las velas de las iglesias son las que más apestan.

Gra dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
J.P. Alexander dijo...

Felicidades por ñas 1111 entradas, siempre ha que ser persistente cuando uno tiene un blog. Duro relato el que has escrito ojala el pobre hijo pueda liberarse. Te mando un beso

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Te felicito por llegar a este número de entradas, por dedicarnos este cuento publicado en el libro.

En cuento al cuento, Bethoven recibió el odio del protagonista. Siendo que recibió un trato violento del padre.

Bien contado.
Te felicito por esta entrada.
Saludos.

Alfred dijo...

De entrada felicitaciones por tus 1111 entradas, cifra respetable donde las haya.
Luego comentarte que me gusta Beethoven, me gusta la novena y me gusta el piano.
También decirte que yo hubiera saltado por la ventana.
Me has recordado a James Rhodes, aunque en su caso es la música lo que le liberó de la pesadilla de vida que tenía.
En cualquier caso un buen relato.
Un saludo.

Gra dijo...

Felices 1.111 entradas!!! Yo recien voy por la 143 😊, pero ya te voy a alcanzar 😉.
Es muy original El libro Fabulas del cuaderno verde"un gran regalo este post, es un relato triste, por todo lo que padecio este niño, pero que tuvo un final feliz, logro escapar de su peor tortura, su padre.
Hay padres asi, que son muy, pero muy exigentes con sus hijos y los obligan a hacer algo que no les gusta, por eso abandonan todo lo que emprenden.
Te felicito por tantos post muy buenos, de relatos cuentos e historias todas muy interesantes como dijo esa critica 😊. Ah por cierto no te guies mucho por las criticas
Besos.

Doctor Krapp dijo...

Creo que me he perdido leer ese cuaderno verde y lo lamentaré porque si hay pequeñas joyas como esta merecerá mucho la pena.
Gracias, por traernosla.

Saludos

Fackel dijo...

Fascinante, fascinante. Valoro más la cualidad que la cantidad, y lo percibo así. Voy a releerlo. Te animo a seguir.

Amapola Azzul dijo...

Qué triste relato.

Besos.

gla. dijo...

Me gustó mucho el relato del
Niño y el piano del cuaderno verde tan secreto
Me gustaría leerlo completo
Felicitaciones por todos tus escritos
Abrazos

Guillermo Castillo dijo...

Una proeza que me hace decir sin querer sonar estridente: ¡Congratulaciones!

lunaroja dijo...

Sin duda en ese 2011 en el que nace este relato ya tenías el don desarrollado,dispuesto y generosamente "expuesto" en tus relatos.
Felicidades por ese gran número de entradas!
Este relato es asfixiante,has logrado hacernos sentir esa opresión, la absoluta represión,mantrato y abuso.
Por fin pudo volar. No hay duda que (quiero pensar) pudo salvarse.

Un abrazo

mariarosa dijo...


Tus historias siempre sorprenden, pero esta es tremenda,estremece el pensar que puede haber casos así. después me digo; no, es otra de las locuras de José. Muy buena tu elección para festejar tus 1.111 entradas.

Gra dijo...

*quise decir no te guies por las malas criticas 😊 sabes que todos tus relatos son muy bueno.
Otro beso.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

1.111 entradas, bien valen ser festejadas con un estupendo cuento, así sea de cosecha pasada, pero es un cuento, que en la metáfora de este padre borracho y perverso (autoritarismo patriarcal), refleja el talante de los padres formados en la escuela familiar de machismo y dominio de la mujer y los hijos. Un abrazo.
Carlos

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Excelente...

O quizás existe un mundo donde la novena sea finalmente libre

Paz

Isaac

Tinta en las olas dijo...

Un relato escalofriante. Felicidades por esas mil ciento once entradas, que se dicen muy pronto. Que sigas así por muchos años mas y nosotros visitándote. Un abrazo.

Manuela Fernández dijo...

Tremendo relato el que nos traes, un dramatismo que va "in crescendo" utilizando la terminología musical. Un texto escrito hace años que lamentablemente jamás va a resultar tema obsoleto.
Enhorabuena, no por la cantidad de años que llevas escribiendo, eso lo puede hacer cualquiera, sino por la calidad de tus relatos, relatos que llegan, eso ya no lo consigue cualquiera.
SAludos.

Tot Barcelona dijo...

Felicidades. No es fácil publicar tantas entradas. espero seguir leyéndote.
Salut

Luiz Gomes dijo...

Boa tarde meu querido amigo. Parabéns pelo seu trabalho.