Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero, principalmente, a mí mismo.
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domingo, 26 de marzo de 2017

El día en que la cafetera eléctrica casi me engaña por completo

Las mañanas no son el momento de mayor lucidez de mi día. Supongo que sucederá algo simular a mucha gente, pero lo cierto es que sólo me preocupa mi caso puntual. Mis mañanas son difíciles, más si ese día me toca trabajar (lo cual no es una suerte el trabajar sólo algunos días, como algunos creerán, sino una descalabro de horarios infernal e inconstante), entenderán entonces la problemática que se suscitó mientras tomaba el primer café del día.
La máquina automática de café aún humeaba, el sabor del brebaje que escupiera sus entrañas tenía un regusto metálico que atribuí a alguna pieza en mal estado dentro del mecanismo, a alguna otra razón que, siendo la hora que era, tampoco descifraría. La lucidez se abría paso poco a poco frente a la niebla resquebrajada del sueño que se negaba a dejarme por completo. Tenía otras cosas que hacer además de acabar mi café, agradecerle a la cafetera automática por haberlo preparado, tomar el maletín y salir del cubículo habitacional.
De pronto, de manera inesperada, como se supone que debe suceder este tipo de cosas, tuvo lugar mi momento satori del día. La iluminación llegó a mí como algo espontáneo, como la respiración misma, como el recordar los 86 dígitos de la secuencia de numeración bancaria, el orden de los títulos completos de los 52 capítulos de la primera parte de El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, o el código genético de una mosca como lo enseñaran en las clases de biología de quinto año.
—Un momento —dije en voz alta—, yo no tengo ninguna cafetera automática…
—Tampoco estás bebiendo café —dijo la cafetera con su voz metálica, entre cansada y aburrida.
—¡Lo sabía! —exclamé son sorpresa—. De regreso compraré uno dos frascos de café sintético en el camino.
—Gracias —dijo la cafetera—. Siempre tan amable.


Terrorífica... ¿Cierto?

16 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

¿Una alteración de la continuidad de la realidad?
Intrigante, colega demiurgo.

Dyhego dijo...

Uno de esos artefactos que cobran vida.
Lo mejor es tirarla al contenedor de reciclaje, jajaja.

Juana la Loca dijo...

yo me ahorro todo eso, solo bebo te y mi tetera no es eléctrica
besos

LA ZARZAMORA dijo...

Los objetos nos hablan a veces, la mía se llama Leona... y es que a cada aparato lo bautizo.
La llamo Leona por lo que se/me despeina por las mañanas.
Sonrío.
Saludos, J.A.

Celia Segui dijo...

Definitivamente parece que las mañanas no son lo tuyo, jajaja.
Yo las prefiero a las tardes... Tengo más energía.
Un saludo.

unjubilado dijo...

Yo para tomar ese café te ofrecería una taza de porcelana un poco especial. Una taza que hace tiempo me concedió una entrevista.
Saludos

Frodo dijo...

¡Muy bueno! Me encantó. Eso de "el momento satori" es algo que no se lee todos los días.

Me hiciste recordar un capítulo de Alf en que se vuelve loco por perder todos sus ahorros y ganancias en la bolsa de comercio (a través de su PC del garage) y llega al living con una cafetera como rehén. Creo que podría ilustrar muy bien este hermoso, surrealista y cómico relato.

Yo aprovecho también para volverlo a ver.
http://www.dailymotion.com/video/x3im01v_alf-temporada-4-episodio-4-en-el-negocio-latino_tv

Abrazo!

Ame dijo...

Adoraría tener uno de esos amaneceres adormecidos, donde la lucidez brille por su ausencia y las sábanas sean como pequeños gigantes de dedos grandes que no te suelten.

Sea como sea, la cafetera es educada, te ha agradecido.

Un beso, José

la MaLquEridA dijo...

Huyo ipso facto si veo que la cafetera eléctrica me habla. Primero correría al escucharla hablar. Después porque no tengo ese aparatejo.
Tal vez cenaste mucho, eso te produjo ver visiones.



Un abrazo

ReltiH dijo...

QUÉ MAÑANA TAN LOCA BROTHER. JAJAJAJA.
ABRAZOS

Geraldine, dijo...

Un falso despertar quizás?...mejor eso que un cafe en mc donalds...

Maria Rosa dijo...

Te sugiero un psicólogo.

O un psiquiatra, es más seguro.

mariarosa

thor dijo...

Tu experiencia me recordó mi ritual de los días jueves que hacía el año, cuando trabajaba en la ciudad vecina a la que vivo y estaba residenciado en casa de mis tías; un control de las cosas que me llevaba y las que me traía

José A. García dijo...

Gracias por tantas lecturas, visitas y comentarios.

Lo mejor de este blog, sin dudas.

Saludos a tod@s.

J.

Amapola Azzul Triste dijo...

Casi prefiero las cafeteras antiguas.
Un abrazo.

No obstante siquiera se si podrán hablar... y eso es más triste.

CarlosMxAx dijo...

fascinante relato, será el futuro de esa manera, que ya sera habitual interarticular de una manera más natural con los artefactos eléctricos??
bueno, hoy en día ya iniciamos este cambio, pero cual será el limite???
me gusto tu manera de relatar historias...
saludos!