Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

sábado, 28 de junio de 2014

El sustituto

El volumen, en octavo, con páginas gruesas, duras y amarillentas, escritas con esa tinta de antaño que parecía herir el papel hasta lo más profundo de su existencia, solía perderse una y otra vez en la Biblioteca. Quizá lo veía hoy, martes, y, por los siguientes dos o tres meses (cuando no años), desaparecía de mi vista; como si por alguna razón estuviera y no estuviera allí al mismo tiempo.
            Como si lo creara con mi propio pensamiento.
            Como si el libro tuviera voluntad propia a diferencia mía.
            Las veces que intenté leerlo, poco fue lo que saqué en claro; más allá del hecho de saber que no estaba preparado para él, o que él no estaba preparado para mí. Cosa que me ocurre con muchos libros, pero con ningún otro con tanta insistencia como con éste. Y, si bien me gustaría comprender el por qué, a veces, el misterio, es mucho mejor que cualquier otra cosa.
            No es que quiera imponer este pensamiento como el sentido común de algo, o de alguien, de la sociedad o el mío propio. Para nada, se trata, únicamente, de reflexiones.
            Ahora mismo, cuando lo recuerdo, sé que hace varios años que lo vi por última vez y que quizá sea tiempo de ordenar, de acomodar, de depurar, la Biblioteca que ha crecido por la casa como las ramas de un árbol exageradamente frondoso que hemos olvidado podar y oculta el mismo jardín del que forma parte.
            Sin dudas encontraré libros repetidos, libros arruinados por mis anotaciones, libros impolutos que me propuse leer pero la falta de tiempo me lo impidió, entre otras muchas cosas. Hallaré, también, carpetas con notas de mi pluma que creí perdidas, publicaciones de adolescencia que adolecen de muchas cosas, cartas de amor no correspondido, esquelas de odio y pasquines políticos de cuando esas cosas tenían algún tipo de sentido para la vida diaria.
            La lista es infinita: peor lo único que espero encontrar es ese pequeño volumen en octavo, de pesadas tapas negras que siempre intenté leer pero nunca me fue posible hacerlo.
            Se acerca el otoño. Mi otoño.
            Quizás, ahora sí, se deje leer.

9 comentarios:

José A. García dijo...

Ni pensar en lo que hará cuando llegue el invierno...

Saludos a todos,

J.

la MaLquEridA dijo...

Eso me sucede con El Quijote, nunca estoy preparada para leerlo, ¡Blasfema! ¿Que le voy a hacer?

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

He tenido sueños en que trato de leer libros, que no existen en la vigilia. Mi idea, sé que estoy soñando, es leerlos, memorizar lo más que pueda, y usar lo que recuerdo para escribir.
Pero no entiendo la letra.

Belén Be dijo...

¿será que tenemos la misma biblioteca? la de los libros por la mitad, los que tienen anotaciones, los propios y los que no nos animamos a leer hasta que por algo,y eso lo dejamos en el misterio, cae otra vez en nuestras manos, bajo una mirada diferente.
hablando de los libros con tinte a antaño, esos son los mejores. :)

Juan Carlos Eberhardt dijo...

que hermoso olor que tenía !!!

censurasigloXXI dijo...

Me da igual que mis árboles se desnuden, que nieve o truene en mi vida, lo que nunca dejaré de hacer mientras conocimiento me quede y un par de dedos me funcionen para pasar las hojas, es dejar de intentar entender ese libro. Que ni lo sueñe :)

Un abrazo y tu cafelito.

Maria Rosa dijo...

Parece que muchos nos parecemos en el tema de leer, hay libros que compré y nunca leí, los comienzo y sus temas no me atraen y regresan a su rincón. Interesante entrada, creo que los lectores de todo lo que existe en papel no existen.

mariarosa

Esilleviana dijo...

La madurez del otoño hace que digiramos asuntos, temas, materias y tareas que en la juventud nos parecía imposible. Yo tengo libros que no fui capaz de leer cuando era joven, ahora con 40 me enfrento a otros componentes...

un abrazo :)

BEATRIZ dijo...

El el libro "La Palabra" JP Sartre, trata el diccionario como una institución,dividida en regiones, la región de A-As, la V- Vr y así, cada una de estas regiones estaba habitada por flora y fauna propias de su suelo. Tu texto me ha hecho recordar.
Saludos.