Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

martes, 8 de abril de 2014

Siempre latente

Hasta donde llegaba a ver, con la sombra de la edad quemándome en los ojos, la plantación continuaba uniforme, casi alcanzando el horizonte. Solo que el horizonte era, para mí, una ficción antes que una realidad.
            El sol me había castigado por abandonar a mi pueblo, a mi gente, a mi familia y mi lugar en el mundo; me quemaba poco a poco, con su incansable calor, los ojos, volviéndome un poco más ciego cada amanecer. Como una venganza lenta pero sin pausa; como un horror latente que se muestra y vuelve a ocultarse lentamente.
            Aún podía disimularlo, y fingir que desde donde me encontraba vigilaba la extensión completa del campo, las plantas de cacao y esos seres que servían para recogerlo. Esos remedos de hombres que hablaban en dialectos incomprensibles, pero que conocían su tarea y eso era lo único que importaba.
            Si supieran que estaba quedándome ciego, mi autoridad sería cuestionada. Por eso fingía. Para mantener las cosas como antes, con latigazos una noche, y doble ración de frutas la siguiente, para que me creyeran magnánimo. Para que continuaran trabajando bajo el maldito sol, que perlaba de sudor esas pieles de ébano que fácilmente podían confundirse con el fruto que recogían. Pero, claro, un kilogramo de cacao es mucho más preciado que una tonelada de esas personas.
            Y eran tantos allí, moviéndose bajo el sol, mirándome pestañar, quizás adivinando mi situación porque sabían hablarle al sol, quizá sabiendo que el látigo, cuando más duro pega, más fácil es que se rompa.
            Sin ignorar, por supuesto, que el miedo siempre puede un poco más.
            Sin ignorar que era el único hombre blanco en kilómetros de plantaciones a la redonda.
            Y que ellos eran tantos.
            Y el miedo.
            Siempre latente.

6 comentarios:

José A. García dijo...

Excusa 1: Falta de tiempo para visitar los blogs de los amigos.

Excusa 2: Falta de tiempo para visitar los blogs de los amigos.

Excusa 3: Falta de tiempo para visitar los blogs de los amigos.

Elijan ustedes la que les parezca más creíble.

Saludos

J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Elijo la 2, colega demiurgo.

Debía pensarlo mejor antes de esparcir el temor, que ahora está regresando a él.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Elijo la 2, colega demiurgo.

Debía pensarlo mejor antes de esparcir el temor, que ahora está regresando a él.

taty dijo...

Se le perdonan las tres excusas si nos deja un escrito como este. Yo me estaba pensando que era una oda al sol latente, pero no, me agarró usted por sorpresa con lo del miedo.

Tiene un buen tono el personaje, se sostiene y por eso mismo es difícil tenerle simpatía a la tragedia de su ceguera, física y moral.

Un abrazo!

censurasigloXXI dijo...

Ýo me quedo con la primera, me parece más creíble.

De lo que se siembra...

Un abrazo y cafelito.

Esilleviana dijo...

Creo que no hacen falta excusas porque yo me encuentro igual. Apenas publico porque no estoy desmotivada y con poco tiempo...
En cuanto a tu escrito, el hombre blanco es minoría y aún así, continúa dominando el mundo. En qué momento, la historia giró hace él y olvidó el resto de los participantes? no debería acabar así.

un abrazo