Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

jueves, 7 de noviembre de 2013

Puras patrañas

Dicen los que saben, que antaño contaban los viejos, que ellos habían venido a ésta tierra en barco y que, por ende, debería de haber, en algún lugar, un puerto. Uno de esos lugares donde moles de metal y ratas legendarias pueden atracar y descargar a sus ocupantes.
Claro que este tipo de cosas se me hacen difíciles de creer. Será porque nunca he visto un barco, o porque ignoro el significado del vocablo viejos sino se lo utiliza de forma despectiva.
Aunque, pensándolo bien, lo más complicado de todo sea creer en la existencia de un puerto (de aguas dulces o saladas, de aguas profundas o apenas un delta en formación) siendo que vivimos, desde siempre, en medio del más árido desierto en el que si has visto llover una vez en la vida puedes considerarte afortunado.

11 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

¿Pues dónde vive oiga?

la MaLquEridA dijo...

¿No tendrá por aí una poquita de azúcar?


:P

Melisa dijo...

Como para valorar las lluvias cósmicas.

Maria Rosa Giovanazzi dijo...

¡Muy bueno!!

No sé , al leerlo me recordó a "Las mil y una noche"
Sera por su fantasía de alto vuelo.

Muy buen fin de semana.

mariarosa

disancor dijo...

Con mis mejores deseos, feliz fin de semana.
Un saludo.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Planteaste algo interesante, colega demiurgo. ¿Como diferenciar una falsedad de una verdad que no se puede demostrar?

Esilleviana dijo...

Vivir próximo a un puerto supone estar abierto a todo lo nuevo y aceptarlo porque indirectamente esa diversidad te influye día a día en el transcurso de las jornadas; de modo que quiero pensar que aunque sea colateralmente, el trasiego de unas personas y otras junto con distintas mercancías nos enriquece y nos hace salir de nuestra despoblada y vacía existencia... sí, por qué no...

un abrazo :)

Javier dijo...

Muy críptico el texto, pero me gustó.

taty dijo...

Lo que me asusta de esta historia es que creo que el ser humano tiene, de hecho, una capacidad de destrucción interminable: tanto como para convertir las aguas en un desierto.

Saludos.

BEATRIZ dijo...

En realidad es un estado de ánimo en el que podemos valorar o echar por la borda lo que no se tiene. No sé qué es peor, desear lo que no se tiene o desdeñarlo.
Ya le voy agarrando el hilo a tu estilo escéptico, le da a los textos una dirección original.

Saludos y buen fin de semana.

Pablix Pebablds dijo...

"Ojos que no ven, viejos que no vinieron en barco hasta un puerto", dicen por ahí.