Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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jueves, 13 de junio de 2013

Sobre la creación del hombre y otros errores semejantes

El poder y la sabiduría de los dioses son ilimitados. Han creado cuanto se encuentra a nuestro alcance. Cuanto podemos ver y tocar es su obra. Imposible dudar de sus intenciones a la hora de decidir que cada elemento fuera de la forma irrevocable con la que fue pensado y creado.
La luna que señala la noche, el sol que quema la tierra, las aguas y las plantas, el alimento y la muerte, los animales y los insectos, los venenos y los dulces. Cada cosa es obra de ellos.
Una creación magnífica, perfecta en todos sus sentidos. Con la capacidad de reproducirse a sí misma, como un círculo eterno, perfecto, invariable, como cualquier verdadera obra de los dioses.
Mas, en su infinita bondad e inteligencia, llevados por el orgullo o la necesidad de saberse mejores que su propia obra; los dioses crearon al hombre. Un ser más en medio de tanta creación, el único capaz de destruir en la misma medida en que era capaz de ayudar al mantenimiento del ciclo.
Así, la creación fue degradándose poco a poco mientras el hombre multiplicaba su progenie y necesitaba alimentar más bocas, construir más refugios, masacrar más animales, incendiar más árboles, adorar más a los dioses sabios y bondadosos, pero que pueden convertirse en guerreros y vengativos ante cualquier falta.
Ellos, los dioses, imperturbables en su perfección, sabían muy bien lo que hacían. Para destruir la más bella creación sólo tuvieron que darle al hombre una única e ilimitada cualidad, que ellos sabrían potenciar al máximo. La estupidez humana es así, innata, un don de los dioses, desde el primer día de la tierra.

4 comentarios:

Melisa dijo...

Eso lo explica todo.
O casi.

romekdubczek dijo...

Y no veas lo que se ha degradado desde entonces. Quien iba a decir que una Eva se convertiria en una Ivonette cualquiera, mi vecina de boca sucia.

un abrazo,
Romek

Geraldine, dijo...

osea que no podemos escapar de ella?....

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Parece que no es un error, como anuncia el titulo, sino una astucia implacable.