Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

martes, 11 de junio de 2013

Herencia (algo que no todos ansían)

Ojalá la historia fuera diferente. No sólo su propia historia. No, porque eso sería poco. Diferente tendría que ser la historia completa. La de la humanidad, la de los descubrimientos, el conocimiento humano. La historia, en su último sentido, de la evolución de la especie.
Entonces tendría sentido lo que acababa de ver sin comprenderlo del todo. No por falta de sabiduría, sino porque aquello carecía de toda lógica. Más allá de cualquier explicación, razón o, siquiera, de sentido común.
Se habría evitado, de éste modo, el tener que ver un espectáculo tan patético y denigrante como el que los nietos del pianista del edificio de enfrente al suyo (ese que supo tener fama internacional y que era reconocido no sólo por sus pares y la crítica, sino por el público no habituado a espectáculos tales como la música) vendieron, por apenas unas cuantas monedas, el invaluable instrumento al que su antiguo dueño le arrancara tan bellas melodías.
El destino del piano se supo de inmediato, ya que los vecinos de todo el Complejo Habitacional 501 – Gregorio Samsa, vieron cómo lo subían sin el menor reparo a uno de los camiones de la Compañía Aserradera Nacional. Cualquiera que se encontraba con uno de esos camiones adornados con el logo de la C.A.N. conocía el destino de los muebles, de estilo o no, de época o no, de madera noble o no, que eran conducidos a la planta que la Compañía poseía cerca del puerto.
No hacía falta pensar mucho, ya que luego de que las últimas hectáreas del Amazonas fueran taladas, no quedaban árboles a los que recurrir para fabricar escarbadientes. La moda de los muebles de plástico y aluminio de baja calidad no era una simple casualidad. Él lo sabía, así como sabía que volvería a ver al famoso piano el lunes por la mañana, cuando se presente a cumplir su primer turno de trabajo obligatorio semanal en el aserradero.

3 comentarios:

José A. García dijo...

Espero, deseo, ansío, que algo como ésto nunca llegue a suceder.

Aunque a esta altura de mi experiencia, dudo sobremanera de la habilidad del hombre para lograr algo por fuera de su lucro personal.

Saludos y Suerte

J.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Mirá que escrito y leído relatos inquietantes en la blogosfera y algunos capitulo de La Dimensión Desconocida. Pero tu relato, colega demiurgo, me erizó la piel.
Pero es posible que no suceda tan así. La codicia podría ser que los nietos del pianista vendan el piano a un mejor precio a un privilegiado que quiere darse importancia. Tampoco es una perspectiva muy optimista. Pero el piano quedaría intacto.

Miss Love dijo...

Realidades que superan la ficción... Espero que nunca nos pase!
Besos mil.
Cami Love