Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

sábado, 21 de julio de 2012

Diosa

Creíamos que estaba loca, tan desquiciada que había perdido todo anclaje con la realidad, y cuanto le quedaba era, precisamente, su delirio.
  —La Diosa ha tomado mi cuerpo —dijo un día, hace varios años, en medio de un discurso en la Academia. Y no era parte del diálogo del cuento que leía en ese momento. No, no lo era, lo comprobé varias veces.
   Ella nos miró, a los asistentes a la conferencia, uno por uno, llenando nuestros ojos con su figura incuestionable. Sin continuar leyendo, constituyéndose en leyenda. Me pareció que sus ojos brillaban un poco más, y no porque las luces dieran de lleno contra su rostro, sino porque me miraban solamente a mí.
   Me enamoré en ese mismo instante.
   Luego comencé a odiarla.
  —La Diosa —repitió a los pocos minutos—, ha tomado mi forma.
   Las risas y los movimientos de burla comenzaron como un rumor, similar al ruido del mar golpeando las rocas. Casi todos los presentes éramos hombres que, a regañadientes, aceptaríamos a una mujer entre nosotros. Pero, sin embargo, allí estaba ella. Y, para empeorarlo, hablando de una supuesta diosa en la que nuestro férreo y obligatorio ateísmo nos impedía creer.
   Alguien abucheó desde el fondo de la sala, no vi quién era, sólo escuché el sonido. No podía despegar mis ojos de sus ojos, amarillos, brillantes, preciosos. Alguien acompañó el abucheo con un silbido.
  —La… —intentó repetir desde el estrado, pero un libro, pesado, de tapas duras, con más de mil páginas, la golpeó en el rostro.
   Me sustraje de su encantamiento, por un momento para huir del salón en el instante en que ella, con el rostro transfigurado por el odio y la cólera divina se ponía de pie. La blusa que llevaba estaba a punto de reventar, sus senos habían crecido tanto que podrían alimentar al mundo entero. Sus ojos irradiaban venganza y desprecio hacia los hombres, hacia todo lo que tuviera un falo entre sus piernas.
   Huí como un desesperado del salón, del edificio, del claustro de la Universidad, oyendo los gritos de dolor, escuchando los huesos quebrarse y los cuerpos descoyunturándose. No dejé de huir, no había montañas en las cercanías en las que pudiera ocultarme, ni sótanos, ni bibliotecas.
   Sólo el páramo, desde donde podía ver como el mar de leche se tragaba las construcciones una por una, derribándolas, sin dejar roca sobre roca.
   Ignoro si soy el único testigo. No me importa. Siento el llamado de la Diosa Madre desde lo más profundo de mi ser. No, no desde mi entrepierna, desde algo más profundo.
   Sé que volveré a ella, y me ahogaré en su calidez sin final, sin retorno, sin más que la inmortalidad del ser sin ser.
   Creíamos que estaba loca, ahora sé que los locos éramos nosotros.
   Dejo de escribir aquí, ella me llama cada vez más intensamente, no quiero hacerla esperar mucho más tiempo, estos años de soledad han sido terribles. Debo ir.


10 comentarios:

Cielo dijo...

Menuda Diosa, quizá deberíamos tener en esta parte del mundo no una, muchas, y no ser esclavos de ella, pero si un respeto que pueda dar paz y libertad a esas mujeres que no la tienen.

Como siempre José, interesante tu forma de narrar.

Un abrazo.

censurasigloXXI dijo...

Y dijo Hesiodo... después de Caos nació Gea la de amplio pecho, sede siempre segura de todos los inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo... Pero ¡ojo! porque en lo más fondo de la tierra de anchos caminos existía el tenebroso Tártaro.

No dejes que te atrape, prudencia.

Un beso y un café, profe.

Esilleviana dijo...

Eres de las personas más comprometidas que leo por Blogger. Por tanto, enhorabuena por tus palabras, escribes muy bien, también felicitaciones por tu responsabilidad y deber con lo que nos rodea y además alabar las ideas que te caracterizan.

Un abrazo :)

dejatellevar dijo...

Me encantó el texto!!!!
Nunca hay que dudar del poder de la mujer.

Thor_Maltes dijo...

Mientras no sea la Vedette venezolana Diosa Canales (fémina a quien no considero atractiva ) puedes sentir a cualquier diosa

Alejo Z. dijo...

Cinismo e incredulidad, intensidad. Debe ser la diosa que te hace escribir de esta forma.
Un abrazo José.

David C. dijo...

asu que intensa historia.
Saludos
David

Adrianófanes dijo...

Me encantó la clave de narración del relato. Como un cuento... mitológico. Y aplicable a muchas realidades. Particular esa Diosa... Me dejás pensando.

Hombre de Neanderthal dijo...

Somos como hormigas ante el poder de una diosa.

José A. García dijo...

Gracias a tod@s por sus comentarios.

Da gusto saber que lo que uno escribe tiene tantos lectores.

Saludos

J.