Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
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Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

domingo, 27 de mayo de 2012

Novo Orbe

El descubrimiento de aquel nuevo mundo fue pura casualidad. No se esperaba que se encontrara allí, aguardando nuestra llegada bajo un sol tan amarillo que hacia refulgir sus dorados mares.
Un mundo raro, pequeño, achatado y circular, que sólo era habitable en una de sus caras. La otra, la que no recibía luz alguna y no se encontraba al alcance de la visión, era oscura, rugosa, llena de cráteres y pozos, como si un calor indescifrable la hubiera consumido y extendido su huella hacia los límites montañosos de este mundo.
La separación entre una y otras de sus caras, cual moneda de veinticinco centavos, la componía una interminable tráfila de cordilleras separadas entre sí por valles tan profundos como indescriptibles; dispuestos con una regularidad tan marcada, tan perfecta, que imposible mirarlos sin pensar en la intervención de alguna inteligencia superior. Porque la naturaleza nunca es tan regular, nunca se repite tanto, por aburrimiento o por pereza.
Lo más interesante, lo más llamativo, de éste nuevo mundo, cargado de dulzura y delicadeza es, como se mencionó antes, su regularidad, ya que a la mitad que denominamos superior la rodea una cadena montañosa no muy alta, redondeada como si el viento de milenios las hubiera ido desgastando hasta simular con ellas meras colinas idénticas unas con otras.
Esas mismas suaves colinas, apenas elevadas sobre la superficie, se internan cual senderos que se bifurcan, hacia el centro de esta gran planicie que, a la larga, resulta ser la cara del mundo, como si todos los caminos condujeran al mismo sitio. De donde parten nuevos senderos, nuevas colinas que, irremediablemente, nos llevan hacia el círculo más exterior.
Sorprendieron a los investigadores sus mares romboidales, no uno sólo, sino varios, idénticos, de dorado reflejo y aguas dulces, fáciles de navegar en su calma absoluta. Pero sin el menor atisbo de viento y, siempre, a la misma invariable temperatura en toda su extensión, cada uno de ellos.
Suponemos que, en cuanto podamos despegar el interés de los investigadores de esas empalagosas y tan sabrosas aguas, continuaran las investigaciones para dar una respuesta a las preguntas básicas de semejante descubrimiento. ¿Quién lo construyó en su regularidad y constancia? ¿Quién lo dejó al alcance de nuestros ojos y los instrumentos de nuestra ciencia? Cuánto tiempo nos llevará saciar nuestro apetito, de conocimiento, se entiende…

La única foto que disponemos de nuestro descubrimiento:

8 comentarios:

José A. García dijo...

Seguimos investigando...

J.

Pablix Pebablds dijo...

Muy bueno!!!

Es un mundo delicioso, por lo que se ve!

Saludos!
Parado en el Abismo

El Titán dijo...

ese es el tipo de mundo que me gusta...

Martha Barnes dijo...

¡Me gusta la Pasta Frola!!!!y el exótico relato..Martha

Cielo dijo...

Genial el relato
y la foto, no es pie de manzana
que bueno, es mi debilidad.

Un abrazo José.

Geraldine, dijo...

suculento!...creo que voy haciendo las valijas...jajaja

Vradi dijo...

Quisiera uno conocer las manos del creador.

Humberto Dib dijo...

1. Me encantó, José, me alegré de que tu página se abriera desde arriba, pues de esa forma logré sorprenderme cuando apareció la imagen al final.

2. Podrías, tranquilamente, solicitar trabajo como columnista en una revista culinaria, pues quién otro podría acercarnos tan poéticamente a las comidas.

3. Es Flora o Frola, desde que llegué a Argentina escucho versiones para una u otra manera.


Un abrazo.
HD