Diario de un escritor que quería escribir pero nunca encontraba el tiempo...

Desde el 2008 molestando a todo el mundo pero principalmente a mí mismo.
...
Actualiza sábados o domingo, porque si esperara a tener algo para decir quedaría abandonado...

viernes, 18 de junio de 2010

Guerrillera

Me encontraba de pie en lo más alto de la escalinata de la Universidad, desde allí dominaba con la vista la explanada. Podía verlo casi todo. Y todos podían verme en medio de la vorágine de gente y movimiento.
En aquel sitio, la Universidad, y en aquella época, tiempo de finales, cosa alguna desentonaba con el paisaje (ni los raros peinados, ni la ropa colorida, ni los gritos en idiomas inventados).
Esperaba a alguien, no sé a quién, pero lo esperaba. Veía cercarse por la escalinata a una vietnamita. Tendría unos 18 años, esbelta y llena de resolución, enfundada en su uniforme reglamentario de guerrillera.
No pensaba decirle nada, a pesar de que el rifle que cargaba parecía verdadero y funcional; pero ella se acercó a mí.
—Busco a Mariela —escupió.
—Creo que está adentro —dije señalando el edificio enorme, gris y barroco de la Universidad—. ¿Para qué la quieres?
—No te preocupes, solamente quiero matarla —dijo antes de seguir caminando.
—¡No! —grité —. A Mariela no.
Corrí entre la gente y las columnas dóricas de la entrada buscando a la guerrillera vietnamita. Al encontrarla le pedí que no matara a Mariela, por favor. Que la dejara tranquila.
Pero no me hizo caso. Y siguió buscándola.
Utilizando mi conocimiento del edificio, a quien conocía más que a mí mismo, me aparecía a cada paso de la guerrillera, por diferentes caminos, intentando convencerla para que no cumpliera su propósito.
Y ella siempre decía que no. Que debía cumplir, y continuaba buscando.
Entraba a las aulas y a los sanitarios, abría todas las puertas que encontraba en su camino.
—Deja en paz a Mariela, por favor. ¿Por qué debes matarla?
Tanto insistí que, por fin, se dignó a mirarme, con su lacio cabello que le cubría los hombros y los ojos más negros y duros que viera jamás.
—¿Conoces a Mariela? —preguntó.
Descolocado por la pregunta, me detuve a pensar unos instantes.
—No —dije finalmente.
—Entonces déjame continuar, que, si la encuentro, no la extrañarás.
Di un paso al costado y la miré alejarse, a paso firme, entre la gente que inundaba los pasillos.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

al final, cual es la guerrillera?

Manco Cretino dijo...

Una defensa algo efimera, pero... algo es algo. Podés hacer una segunda parte soltando algún dato de las actividades de Mariela, principalmente. Nos queda picando, aunque no la extrañemos; ¿habrá valido la pena? (porque la vietnamita estaba resuelta).
Curioso... Manco Cretino

Joe dijo...

Evidentemente si sabes quien es Mariela, larga data!

jlg

El Mitófago dijo...

un defensor de la vida ajena!! qué pocos quedan..

·Geo·ligne· dijo...

que barbaro!

José 'Azucarero' García dijo...

Anónimo: La que llevaba el arma.

Manco Cretino: En la vida nunca sabemos TODO, ¿por qué habríamos de exigírselo a la literatura?

Joe: OK. Pero, por algo no la defendieron mucho.

Mitófago: Y cada vez van a ser menos. Porque se dejan matar por boludeces.

Geo-ligne: Es lo que hay. Mejor no quejarnos. Por las dudas.

Saludos a todo@s

Raymunde dijo...

Qué aroma de sueño que tiene este post...

NoeliaA dijo...

Buenísimo, Dragón. Este cuento sí que está bueno. Le diste un final adecuadísimo.
Es cierto eso que respondés abajo, algunos se dejan matar por "ideales". Creo que tener ideales es bueno, pero poner la vida al servicio de ellos, dejarse matar...
No sé, mira, hay un libro de bertolt Brecht que se llama "Galileo Galilei" y en una parte dice "pobre del pueblo que necesita de héroes"
En referencia a esto, verdad?, a que el pueblo precisa de gente que ponga la vida para hacer valer los derechos, las verdades y demás. Pero porbre de ese pueblo, porque no saben buscar esas verdades y esos derechos por sí mismos. La alegoría está puesta en Galileo Galilei porque este estudioso, que sostenia que la Tierra se movía, no murió como otros defensores de la ciencia: sosteniendo la verdad ante los sordos inquisidores que terminaban matándolos. Galileo Galilei supo renunciar a esa verdad frente a los inquisidores, pues se supo más útil para la ciencia y para la posteridad, vivo.
Saludos